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¿Catalunya comunidad autónoma?

Resuenan tambores de independencia desde una Catalunya que no ha sido capaz de configurarse como próspera Comunidad Autónoma. Tres décadas no han sido suficientes para un cometido, tan difícil como olvidado. Al contrario, el tiempo ha situado a la población catalana en una Europa decadente, dentro de una España en ruinas. Donde ya estaba hace siglos, pero ahora hasta las cejas.
La precariedad es el hilo que explica en gran parte la percusión que se escucha. Las dificultades han hecho acto de presencia en cientos miles de hogares, cuando no in situ muy próximamente. El referéndum debería proseguir al sonido estruendoso, materializado en la mayor concentración de masas que ha tenido lugar en Barcelona en toda su historia. Los entierros de Francesc Macià y Buenaventura Durruti fueron superados ampliamente este 11 de septiembre más reivindicativo que nunca. Más allá del sano ejercicio, aceptado por una gran amplia mayoría según varias encuestas, aventurarse a dar pronósticos es difícil. Las evidencias son pocas, pero hay una entre muchas sombras. Ocurra lo que los electores decidamos, el resultado del deseo de partir peras con el actual marco constitucional será históricamente elevado, como lo fueron las muestras callejeras de hastío. Mayor que en ninguna época del reciente pasado que conocemos a la perfección.
Pequeñas voces discordantes con la configuración fronteriza que hasta olvidamos por su invisibilidad, repitieron en vano durante años de prosperidad jamás conocida todas las proclamas que ahora ocupan los grandes espacios mediáticos catalanes. El mismo bienestar que no estimulaba a prestar atención a los diversos problemas que se mascaban en las entrañas sociales, impedía que se expandieran las voces de forma viral por amplias masas de conciencias. El independentismo estaba condenado a ocupar posiciones minoritarias. Una vez se expande, nos condena a la misma inopia que años atrás el tan alabado bienestar.
Con la ilusión de escapar de un marco político-económico miserable, amplias capas de la población se sienten reconfortadas. El independentismo, como escapatoria, brinda una oportunidad, relativamente fácil hasta parecer única, de ilusionarse. La rotura de los lazos jurídicos se delega en los hijos de aquellos que durante la transición redactaron amplios textos constitucionales. Pasadas las turbulencias gestionaron en silencio, similar al de la dictadura precedente, un estado centralista y de las autonomías que agoniza por ambas vertientes. Mayor motivo de satisfacción para unas masas poco acostumbradas a comprometerse y unos políticos deseosos de que así sea. La delegación en los mandatarios elegidos en los próximos comicios anticipados, satisface a un Artur Mas que usó el calendario en su provecho, pero también a una ciudadanía que le gusta ejercer su condición muy de vez en cuando.
Unos pocos ostentarán la histórica papeleta emancipadora, para probablemente salir reforzados del proceso. El corte de las relaciones que nos mantienen económicamente en pie resulta un tanto más difícil. Por este motivo, es preciso largarse sin hacer demasiado ruido aunque las formas sean beligerantes, como una precampaña inédita requiere. Sin intentar molestar a nadie y continuas excusas se celebrarán los resultados obtenidos el 25 de noviembre. Hasta la jornada de reflexión las fieras aparecerán por todos los mercados municipales, pero para amansar a amplias masas de perdedores de poder adquisitivo. Las interacciones económicas primordiales no pueden verse afectadas por ningún proceso secesionista. Porque en realidad la secesión no se persigue en su más amplia dimensión. Sólo se busca en algunas conveniencias de agradable practicidad. El mismo criterio del beneficio y la pérdida que a los contrarios inspira una lista de argumentos y acciones para retener cualquier pérdida territorial.
España se ha caracterizado en las últimas décadas por acercarse a todo un señor continente a cambio de unas gustosas migajas, denominadas fondos de cohesión y que se reparten entre los desfavorecidos. Los racionaba un continente conocidísimo a la perfección por su historial colonialista y su presente no exento de conquistas. Las últimas proezas de los compañeros de viaje de Bruselas tienen amargos tintes de sumisión, pero tampoco se adivinaban en los gloriosos años de bienestar. La independencia no pasa por la cabeza tampoco de la ciudadanía española. Solamente visita interesados sueños una peseta enterrada o la posibilidad perdida de engañar a medio mundo devaluando el tipo de cambio para colocar gangas internacionalmente.
La independencia no recorre la cabeza de nadie. Para ser exactos, muy pocas mentes la entendemos en todo su significado. Ninguna de ellas saldrá victoriosa en las próximas elecciones que se avecinan duras de roer por ambos bandos. Pocos prestarían caso a un auténtico partido independentista. Las papeletas auparán candidaturas que garanticen la continuidad en una Europa unida y benevolente, pero que de vez en cuando puede dar algún bocado de amargas sensaciones. Estas parejas de baile armadas de cuchillos son muy buenas hasta que los usan para exigir la devolución de lo disfrutado.
Las encuestas hablan por sí solas, pese a estar realizadas con muestras reducidas y preguntas escuetas. La mayoría confirma el deseo popular de que Catalunya salga de una España en ruinas. El motivo principal que se expone es el económico. Uno de estos cuestionarios se atrevió a preguntar la preferencia por una Catalunya totalmente soberana y otra vinculada a la Unión Europea. La opción independentista bajaba sustancialmente a niveles minoritarios en caso de que el nuevo estado surgido se quedara fuera de un continente, capaz de fagocitar todo lo que se mueve alrededor de sus dictados.
El león independentista no es tan fiero como lo pintan. Es manso, tras una educación profundamente catalanista que apenas se reduce a educar en un idioma, supuestamente en vías de extinción por masacres pretéritas. Los valores de la tierra que habitamos los catalanes todavía no ha sido capaz de transmitirlos el sistema educativo provinciano porque los desconoce. Se agarra a un petróleo lejano y así vamos transportando desde hace demasiadas décadas. Durante el siglo XIX era el ejército español quien mantenía los mercados que tanto gustaban a los empresarios textiles que mostraban su indiferencia por la vida del recién llegado desde el campo. En pleno siglo XXI Artur Mas es consciente de que una Catalunya independiente no puede permitirse el lujo de mantener un ejército. Quizás por experiencia de haber perdido todas las guerras habidas desde hace más de seis siglos, las fuerzas armadas serían mercenarias. Quién sabe si las mismas que se ocupan actualmente de la integridad de España. Quién sabe si regidas por el mismo jefe de estado a quien le empieza a salir descendencia no reconocida por territorio soberanista. Quién sabe si apoyados todos ellos por la misma siderurgia vasca, tan importante hace dos siglos y tan inmersa en otro proceso de similares características.
El independentismo lo es en realidad tan poco que en tantas décadas en las que el marco jurídico designaba a cuatro provincias del noreste de la península como Comunidad Autónoma el término se interpretó con las mayores connotaciones negativas posibles. No es que hayamos fracasado en el intento de formar una comunidad política los catalanes. Es que por principios sus diseñadores sabían que era imposible llegar a establecer un marco de relaciones pleno entre los habitantes de un territorio en el que no podemos llegar a conocer apenas a un 1% de nuestros compatriotas. Deberíamos pasar la vida entera estrechando manos y probablemente no haríamos otra cosa que presentarnos los unos a los otros. Catalunya es rica, pero no se puede permitir estos lujos, por mucho expolio fiscal que consiga erradicar.
La otra divina palabra que acompaña al término comunidad es ni más ni menos que autónoma. Interpretada en la versión menos independentista que se pudiera interpretar. Basta visitar el puerto de una de las ciudades más cosmopolitas del continente para darse cuenta que del término al hecho hay mucho trecho. A continuación de los barcos se divisan aviones a un aeropuerto que se repite continuamente que hay que situar a la altura del centralista Barajas. Como más independentista se siente uno parece hasta tener mayor obligación de repetir estas proclamas. Para, a mi modesto criterio, dejar de serlo.
En términos macroeconómicos la autonomía perseguida por la patriótica Generalitat de Catalunya se ha traducido en crecientes importaciones y exportaciones. No han parado de aumentar bajo el mandato de Jordi Pujol, Maragall, Montilla y el delfín Mas que pretende emanciparnos a todos. Sólo sirven para destacar posibles dudas respecto a la viabilidad del nuevo estado catalán. Una economía que exporta al nivel de las más pujantes de Europa no debería pasar apuros. Pero olvidando la otra vertiente importadora el drama puede estar asegurado, dentro o fuera de España. En el supuesto de cortarse los suministros, una economía profundamente dependiente como la catalana o la española se desmoronaría como un castillo de naipes. Algo que en parte ya sucede, pero paulatinamente. El petróleo sigue llegando mucho más caro y un tejido industrial tan interdependiente tiembla, despide multitudes hacia el paro y los sitúa a pie de calle reclamando una independencia jurídica, capaz de solucionar las mismas problemáticas que una nueva ley de dación de pago para viviendas impagables.
La comunidad Autónoma que nunca lo fue ni se persiguió, pide a gritos una independencia simbólica que va a proporcionar unos 15000 millones de euros a una población esquilmada por mucho más que un sistema impositivo injusto. Pero la simplicidad independentista trae estos lodos que hasta son capaces de dificultarnos la distinción entre las formaciones que han gestionado de la mejor manera posible los recursos disponibles y quienes los dilapidaron.
La Comunidad Autónoma que jamás consiguió serlo, pretende centrar el debate futuro en qué país interdependiente queremos llegar a ser. Cánovas del Castillo a propósito de un discurso constituyente tuvo la amabilidad de dejarnos una frase digna de pasar a la historia. Se atrevió a proponer escribir la frase es español aquel que no puede ser otra cosa, en una constitución de nuevo cuño discutida en las mismas cámaras de siempre. Los catalanes que no hemos ni tan siquiera pretendido alzarnos como Comunidad Autónoma, constituiremos una maravillosa nación que no ha podido ni podrá ser otra cosa a lo largo de su futuro próximo.
Con los actuales dirigentes que miran hacia el horizonte lo tenemos un poco más crudo. Tendrán hasta la difícil tarea de crear una marca para que medio mundo se fije en nuestras cualidades. Sabemos poco de la información que contendrá su código de barras, pero seguramente aparecerá se vende por alguna parte. No hay más remedio que seguir abriendo puertas, hacer ofrecimientos y recibir migajas. Como hasta ahora sucedió. La independencia no garantiza ninguna salida a la problemática real de la economía catalana. No es cuestión de sumar y restar flujos comerciales y fiscales. Es cuestión de pararse en las cuestiones cualitativas más sustanciales. Las interdependencias que se siguen avecinando nos condenan irremediablemente.

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Publicado por en 31 octubre, 2012 en política

 

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¿Galicia galáctica?

Siguen las sorpresas de todo tipo antes, durante y después de celebrarse unos comicios electorales. Los misterios tomaron Galicia y Euskadi en la jornada de ayer, marcada hasta por la lluvia que retrasó multitud de desplazamientos a las urnas. La intriga periodística que a mediodía anunciaba a bombo y platillo la disminución de la concurrencia a los colegios electorales, terminó en un recuento que acabó conteniendo similar número papeletas que en sendas ocasiones anteriores.
La especulación con los caminos tomados por los nuevos abstencionistas quedó relegada a otras ocasiones. Gallegos y vascos escaparon de la tendencia generalizada hacia la desafección. Motivos tenían para acudir con el derecho en la mano a depositar una lista en un sobre. Dos hechos diferenciales potentes lo hicieron posible.
En Euskadi, la vuelta al ruedo político de la intermitente izquierda abertzale suponía suficiente aliciente para un grupo de votantes constantemente perseguido, hasta con la ilegalización. Se había expresado de manera notable hace tres años acudiendo en masa para dar apoyo contabilizado como nulo, sin importarle demasiado la victoria de las fuerzas constitucionalistas. La persistente constancia debía aparecer, una vez autorizadas las listas de EH-Bildu.
En Galicia, la vuelta de uno de los pocos candidatos que en el pasado supo aglutinar bajo unas mismas siglas varias sensibilidades, acaparaba esperanzas a sus 76 años. Beiras no ganó las elecciones de forma demoledora ni lo conseguirá en el futuro, pero un digno puesto en la oposición le permite lanzar sucesores de su tendencia. Tiene todo el tiempo del mundo para esta misión olvidada en el último tramo de su vida profesional. Más vale tarde que nunca y mucho más todavía un entorno de crisis, perfecta con su particular fuerza opositora en lo más alto.
La sorpresa de media mañana no lo podía ser tanto con estos dos ingredientes. La abstención no podía tomar alegremente los colegios electorales. Las jaquecas, alergias o humedades mayores, las sufrirán a modo de resaca miles de electores gallegos y vascos. Había motivos para insensibilizarse con dolores, dudas y alternativas lúdicas varias. Una parte importante de la población tenía alicientes para llegar arrastrándose a la cita, probablemente compensando la indiferencia que se respiraba en el resto del mapa político que siguió viéndolas pasar.
Los partidos dominantes en la escena estatal refrendaban, en su cómputo total, pérdidas de afecciones sin precedentes. En Euskadi el PP se dejaba 20000 papeletas por el camino, en Galicia 140000. Sigue el misterio mediático, centrado en horquillas inexpresivas, de porqué se omite este fenómeno. Se nos presenta un Feijoo arrasando oficialmente en territorio gallego, pero con números en la mano con los peores resultados cosechados desde 1989. Perdía un porcentaje algo superior al punto, anecdótico superficialmente. Ahondando un poco más vemos perfectamente la eclosión del voto nulo y en blanco en una Galicia más harta de lo que pudiera parecer. Más de cinco puntos de electores se tomaban la molestia de acudir a las urnas para no votar a nadie en concreto. El triple que en los pasados comicios. Menos que los más del ocho por ciento de vascos que en 2009 hacían lo mismo, para simbólicamente dar apoyo a la actual Bildu que, sorpresivamente, se ha encargado de poner patas arriba el parlamento vasco. La práctica es efectiva, cuando no se quiere prestar atención, para distorsionar análisis sobre votos válidos que representan una mayoría cada vez más debilitada.
El gobierno de Feijoo tendrá una gran representación parlamentaria, pero será uno de los más minoritarios de la historia gallega. El fenómeno no es novedoso aunque a efectos mediáticos convenga presentarnos la ciudadanía gallega como una nueva raza extraterrestre que no se entera de nada de lo que sucede en la tierra. Aún a salvo, momentáneo, de unos recortes que afectan a toda la población peninsular, tanto lusa como española, ha demostrado también ser consciente de la tempestad que se avecina en sus carnes.
La tormenta perfecta que afecta al PSOE que sin embargo no merece la pena ni ser comentada, ocupa gran parte de las portadas de la prensa. Ha copado suficiente espacio en este mismo blog, tiempo suficientemente atrás para no poder representar sorpresa alguna. Los 100000 votos perdidos en Euskadi y los 200000 en Galicia no deberían extrañar a nadie. Incluso en Valencia, donde el Partido Popular se dejó cifras similares de afecciones en los últimos comicios, no fue capaz de salir del pozo profundo en el que se halla. La herencia de la gestión de Zapatero pesa duramente y empieza a notarse la de un Rajoy que sigue empeñado en llevar a su fuerza por el mismo camino.
La alternativa no se encuentra donde se ha buscado hasta ahora. Está situada en aquellas formaciones que históricamente no han gozado de despachos suficientes en la administración. Sin responsabilidades de gobierno han elaborado inmaculados y encantadores discursos en los parlamentos que empiezan a convencer a una masa creciente de desencantados. La debacle del PSOE y el desgaste del PP lo van recogiendo partidos como el BNG en Galicia o Compromís en Valencia. No son tan raros los gallegos, se pueden parecer hasta a los habitantes del otro extremo peninsular, por ello la suma de BNG y AGE arroja 50000 nuevos apoyos, inédito en el resto de candidaturas.
Las leyes electorales sitúan las tierras celtas en el extrarradio de la galaxia. Sus habitantes son dibujados con cuernos, rabo y naves espaciales. Siguen siendo tan humanos como en Valencia o Euskadi. Emigraron masivamente como los andaluces y con los mismos medios de locomoción. Votan como los valencianos. Pudiera parecer que hayan desembarcado de la luna recientemente, pero sólo aparentemente como los fenomenales resultados obtenidos por el Partido Popular, en la tierra donde Fraga clavó sus tentáculos durante más de una década. Nada más lejos que lo conseguido algún periodo superior por Jordi Pujol en Catalunya.

 
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Publicado por en 22 octubre, 2012 en política

 

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Sondeos de Wert

El ministro de educación se reafirmaba pocas horas después de haber defendido en el Congreso la españolización de los niños catalanes. Lo hacía catalanizándose por unos instantes un José Ignacio Wert, convencido y abucheado, este mismo miércoles en cientos de calles. En céntricas avenidas madrileñas varios millares de estudiantes salían a la calle, secundando una huelga en las aulas, con pancartas que van mucho más allá de los tan repetitivos recortes. Empiezan a representarse lemas referentes a la calidad educativa, superando el debate cuantitativo.
La futura generación “nini” parece estar harta. El miedo que corre por las aulas es tan extremo como las comidas de fiambrera recalentadas en microondas de pago. Los tumultos que se aglutinan en cada dependencia de cada escuela, parece empezar a articular una tímida reacción. Algunos padres acompañaban a sus hijos a los actos reivindicativos. Incluso algunos abuelos que no pudieron ir a la escuela en su niñez, pero empiezan a comprender muchas cosas desde el más absoluto analfabetismo. Las evidencias, cuando lo son tanto, caen por su propio peso.
Las convicciones del ministro de educación no son una excepción en el partido que dirige los destinos gubernamentales. La militancia del PP catalán aprovechaba para acusar en conjunto al gobierno de la Generalitat de haber catalanizado la escuela durante varias décadas. El ministro de exteriores José Manuel García Margallo comparaba nazismo con nacionalismo y marxismo. Un cúmulo de declaraciones que no se entienden aisladamente, sino en una estrategia con un destino en concreto. La vocación del partido que cuenta con mayoría absoluta ha quedado en evidencia en pocos días. Pese a que Margallo se esfuerce a contraponer ideologías que sitúan a la colectividad como fin, a la que dice defender su partido que entiende al individuo como destinatario final de la política.
El problema reside en que combatir la hipotética catalanización de las aulas españolizándolas no supone salvar al individuo de una condición colectiva impuesta. Supone imponerle otra. En este sentido y en la línea individualista podría ser preciso ir reduciendo el tamaño de las aulas, hasta convertirlas en clases particulares, con libros particulares y docentes únicos y peculiares. Hay una excusa muy potente que impide poner en práctica este experimento. El déficit público dispararía la deuda hasta niveles de quiebra. Pero en la imaginación del Partido Popular no figura tampoco esta opción, ni figurará en las épocas de bonanza que nos esperan en fases próximas de su mandato, según programa electoral establecido.
Las encuestas electorales que se van publicando en Catalunya difieren en un punto de las que se manejan por escenarios gallegos y vascos. Casi todas contienen un apartado en el que se le pregunta al encuestado si se siente español, catalán, más una cosa que otra o exactamente igual. En pocos días, un mes escaso, el mismo medio encargaba una de ellas a la misma empresa. Los resultados son cuestionables o cuestionan la verosimilitud de las conclusiones. En menos de un mes aumenta casi exponencialmente el sentimiento español en Catalunya. Crecen los conjuntos de personas que se consideran sólo españoles y más españoles que catalanes. Si se tratara de adeptos a un partido político sería entendible. En cuestiones de banderas las afecciones suelen ser mucho más estables.
Paralelamente también aumenta la preferencia por CIU que obtendría mayoría absoluta en los próximos comicios. Algo sigue sin cuadrar en la multitud de datos que nos esperan hasta el fin de la campaña. Pero esta vez el desliz es muy significativo. Expresa un estado de excepción mental de la población catalana o la desconfianza absoluta hacia este tipo de números. Las muestras son relativamente pequeñas hasta cuando se trata de trabajos del poderoso CIS. Es una debilidad destacable de estos intentos de recontar votos antes de cosecharlos. ¿Es tan potente el efecto de las declaraciones de un ministro para haber ocasionado cambio tan repentino en el sentimiento nacional de los residentes en Catalunya? Habrá que seguir más que nunca el recuento porque puede deparar sorpresas inesperadas.

 
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Publicado por en 18 octubre, 2012 en política

 

Catalunya sin PSC

Corría el año 2006 y faltaban tres para que Zapatero empezara a divisar los primeros brotes verdes de una economía española en profunda decadencia. Si alguien se hubiera atrevido a decir en aquel entonces que el transatlántico más reverdecido de toda la historia saldría de terreno enfangado, no se le hubiera tachado seguramente de atleta sino de volado.
El año 2006 no corría sino que volaba. Poco le restaba por carburar al motor expansivo de agradabilísimas sensaciones que se había caracterizado, entre otras cosas, por mantener una estabilidad parlamentaria en Catalunya. Una balsa de aceite definía a la perfección al embalsamado oasis catalán, tanto en lo que se refiere a los representantes como a los representados.
Los movimientos en las urnas fueron pocos e insustanciales desde que Jordi Pujol se hizo cargo de la presidencia de una Generalitat restaurada por la autonomista constitución. Un leve, placentero e inevitable goteo a la baja del partido gobernante fue constituyendo dos alternativas de poder. PSC y ERC recogían pequeñas muestras de desencanto hasta que Pasqual Maragall se hizo con el testigo entero. Fue el alcalde de Barcelona quien logró, por décimas, superar en votos a la invencible CIU. Fue Josep-Lluís Carod-Rovira quien consiguió cosechar poco más de la mitad del millón de apoyos que los dos grandes partidos.
El ánimo de renovación y el germen soberanista fueron los dos motores del cambio. Lo demás permanecía prácticamente constante. Tanto Iniciativa como el Partido Popular siguieron en su particular oasis con altibajos propios más de la casualidad que del crecimiento o el odio.
En estos tiempos que ya no corren sino vuelan, en los que se hubiera tachado de frívolo a cualquiera que se atreviera a pronosticar la exitosa resistencia de un Artur Mas, podadora en mano, ni tan solo resulta rara la extremada pérdida en los sondeos conocidos hoy de un PSC capitaneado por la incertidumbre. Entre las ganas de cambio y las de escapar de un barco que se hunde ha triunfado la opción más próxima al bote salvavidas. Desconocemos si se va a hinchar o dispone de remos, pero parece importante arrimarnos a todo aquel que priorice nuestra presencia.
En poco menos de seis años han sucedido muchas cosas en Catalunya. Dos procesos electorales y otros que vienen anticipadamente. Todos celebrados en una tormenta sin precedentes y difícilmente afrontable. El PSC de Pasqual Maragall, después de José Montilla y ahora de Pere Navarro se ha decidido por mantenernos en la incertidumbre. Votar a un nuevo capitán que no asegura tan solo si va a haber bote salvavidas para afrontar un certero naufragio, se ha convertido en una decisión minoritaria en poco menos de seis años. Parecía imposible, pero terminó siendo normal dentro de esta rara normalidad en la que nos balanceamos. También se hubiera previsto difícil mantenerse en el timón de una Generalitat a base de recortes y fue coser y cantar.
El germen que explica uno de los cambios más profundos en la tranquila política catalana de las últimas décadas, terminó expandiéndose y centró todas las miradas hacia la escapatoria. No hay mayor deseo que salir del actual marco jurídico. El último sondeo del CEO es elocuente. Hasta los votantes del PSC que sigue dudando, tienen clara la necesidad de refrendar en las urnas las fronteras administrativas actuales.
El trabajo está realizado a partir de 800 llamadas telefónicas y como gentileza se abstiene de trazar proyecciones de escaños. Solamente intenciones directas de voto que hablan por sí solas en presencia de buenos oídos. Se mantienen aquellos que están dispuestos a superar el actual marco jurídico. Se mantienen también quienes se autodenominan indecisos, pero que probablemente terminen votando desde el sofá de casa. Como vienen haciendo desde hace décadas los avergonzados de declararse abstencionistas. Nunca lo declaran hasta que llega el día de tirar el sobre, pero en la papelera. ¿Hasta en eso habrá cambiado tanto el entendimiento político como para esperar que de esta masa resucite el PSC? Evidentemente no. A este partido entre la espada y la pared sólo le queda aguardar al día de la independencia en el que empiecen a remitir los efectos de un germen devastador para sus siglas. Las miradas sólo se dirigen al patrón que manifiesta llevar adelante planes de evacuación del barco.
Si José María Aznar hablaba catalán en la intimidad, el PSC debe enarbolar discretamente un independentismo mucho más enfervorecido que el servido por unas siglas caracterizadas por dar estabilidad al oasis madrileño durante una larga época que no ha concluido en este sentido. Hasta el día antes de la independencia CIU sería capaz de votar junto al PP alguna reforma profunda del texto constitucional del que se pretende escapar.

 
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Publicado por en 10 octubre, 2012 en política

 

Independencia comparada

Adam Smith formuló una teoría que explicaba los movimientos comerciales entre naciones. Su teoría de las ventajas absolutas justificaba el trasiego de ciertos productos de un lugar a otro y jamás a la inversa. Una región produce aquello que mejor se le da y lo pone a disposición de las demás. A cambio de otros bienes en los que otras se especializan, dadas otras condiciones más favorables.
Un punto débil de esta afirmación fue ir encontrando lugares que carecen de ventaja absoluta para la fabricación de nada en especial. Pero que sin embargo fabrican. La abolición de la ley anti-tabaco y de cualquier otro texto impertinente con pretensiones ambiciosas es una ventaja absoluta del poder central situado en Madrid y regido por las mismas siglas que el consistorio de la capital y la Comunidad a imagen y semejanza de la provincia que la envuelve. Catalunya que tiene tanta tierra por derribar como cualquier otro lugar sufre la ventaja comparativa de quienes cortan el bacalao legislativo.
Sin embargo Catalunya produce tanto leyes como megaproyectos que nada tienen que ver con el juego, prostitución, droga, alcohol o las mamachichos. Es imposible trasladar un territorio a otro. Es sencillo exiliar toda la población hacia un punto en concreto pero nada práctico. David Ricardo ilustró la posibilidad que resta a aquellos incapaces de distinguirse competitivamente en nada. Sin moverse del lugar y bajo esa condición se especializan en lo que los demás son peores. Porque dedicarse a vivir de la lástima que infringen es peligroso. La opción de presentarse en los circuitos internacionales con algo en el cesto mucho más segura.
Aprovechando la posibilidad que otorga disponer de tierras inamovibles y que planeara la expectativa macro-constructiva por el ambiente, al gobierno catalán no le sobró tiempo en la búsqueda de inversores del ladrillo. Seducir a Sheldon Adelson era misión imposible. Pero quedaban otros que buscan exactamente lo mismo. Hablan otro idioma, tienen otra edad pero practican la misma religión que es lo que importa.
El PSC votaba a finales de junio de tres maneras distintas respecto al macroproyecto de Eurovegas. En cornellá apoyaba la instalación, en Sant Just Desvern se oponía y en Castelldefels optaba por la abstención. Si no son fáciles de encajar las dinámicas locales en macroproyectos políticos más complejos, menos lo es todavía la compatibilización de discursos ideológicos con la gestión en un cargo determinado. La especialización en política una difícil tarea. Todos los partidos buscan el resquicio en aquello en lo que los demás naufragan. Las delegaciones locales andan locas pero terminan especializándose en lo que sus aparatos superiores no tuvieron la posibilidad de dedicarse.
No es extraño que el gobierno de Artur Mas se haya espabilado llamando a las puertas de Enrique Bañuelos para edificar seis parques temáticos alrededor del ya existente en Salou. No es extraño que La Caixa sirva terrenos a las hormigoneras. También financió a los compradores de su Inmobiliaria Colonial para quitársela de encima. Rara manera de desprenderse de una bola a punto de estallar pero la única existente. Los fracasos van circulanco de mano en mano y en ellos se intentan especializar quienes dirigen los destinos económicos.
El aparente fracaso de la elección de Madrid como la ciudad de las apuestas no echó para atrás la línea de especialización basada en el fracaso ajeno. Se irán conociendo más detalles a medida que los casinos tomen la capital. A día de hoy empiezan a ver la luz otro tipo de exigencias que el magnate Sheldon Adelson imponía. El casi renovado aeropuerto del Prat debía desplazarse y el jovencísimo estadio del RCD Espanyol demolerse.
Con tantas exigencias y la imposibilidad de destacarse de forma absoluta en la redacción jurídica, la población terminaba por salir a la calle para gritar en favor de otro marco jurídico y fiscal. Cientos de miles de manifestantes que no importa cuantos sumaron sino el hecho que jamás se hubieran juntado tantos por Barcelona, se decidieron a tomar las calles de la futura capital del principado, reino o lo que dicten las autoridades futuras. Reclaman otro trato impositivo en su amplia mayoría pero pueden exigir todo lo tributado anteriormente y gastado más allá de las nuevas fronteras. Una cifra capaz de tumbar cualquier prima de riesgo, ya de por sí endeble.
En silencio y entre algunos millones más de personas unos pocos elegidos se enfrentaban al déficit fiscal de otra manera. Como hacen cada día ayer no descansaron. Desde instancias públicas llenan sus carteras manteniendo el equilibrio necesario entre votantes ilusionados y aquellos que cuentan con las ventajas políticas absolutísimas. Desde ámbitos privados evaden parte de sus obligaciones contributivas. Ellos son quienes verdaderamente y a pasos agigantados van independizándose España, Francia y hasta del mismo estado que se empieza a crear en el sur de Europa entre los dos existentes.
El estado catalán asociado a España, Europa o Suiza empieza a surgir entre la más cruel dependencia de todas. El hecho de carecer de ventaja absoluta alguna y de centrarse en las comparativas lastra la futura capacidad decisoria. Condiciona la democracia más allá del referéndum soberanista. Establecer unas fronteras tras el fracaso de otras no es sólo un ejemplo sino un jarro de agua fría que puede caer encima de las mismas masas que salieron a la calle. Puede empezar a notarse cuando la constitución actual tan solo se traduzca de idioma. Los parques temáticos pueden ser testigos de la próxima indignación masiva. El unionismo puede volver a sus andadas cuando se olvide totalmente que al otro lado de las fronteras se debían a los mismos visionarios que sólo tienen la ventaja de ser inamovibles.

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Publicado por en 14 septiembre, 2012 en política

 

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La modestia; aparte

No se conoce exactamente dónde pero se sabe del cierto que va a ser por los alrededores de Madrid. Tras una larga espera el proyecto “Eurovegas” tiene emplazamiento. Esperanza Aguirre celebraba por todo lo alto, con una sonrisa de oreja a oreja, la creación de un gran centro de ocio que va a suponer añadir Madrid dentro de las lista de ciudades como Las Vegas, Reno, Atlantic City o Macao.
A falta de barrios vacíos, aeropuertos sin aviones y líneas de alta velocidad ferroviarias sin pasajeros por nuestra vasta península, la imaginación se hará cargo de poner inteligentemente más ladrillos sobre cemento, más avenidas sobre caminos y más alcohol en algunos de los muchos secarrales que restan por arder. El botón se irá pulsando progresivamente momentos después de que un apostante introduzca una unidad monetaria en cualquiera de las infinitas tragaperras que poblarán la zona.
Entre cigarrillo y habano, empleados y capataces unidos por el levantamiento del complejo de ocio, juego, espectáculo y algún escándalo que otro, con bragas o sin velo, irán poniendo en orden la fastuosa pretensión de crear trabajo para hoy y salarios para mañana. La ruleta empezará a girar con los tradicionales piropos desde los andamios y culminará con el desahogo de las penas tras una mala racha de conquistas.
El papel está garantizado. Pese a que Miquel y Costas & Miquel, una de las multinacionales del papel de liar, tenga su sede fiscal en Barcelona otro tipo de combustible llegará en abundancia al centro peninsular. Los billetes, con sabrosas trazas de cocaína que también arde, no faltarán para dar la bienvenida a la nueva excepción de la ley anti-tabaco. Las tarjetas de crédito, más denostadas en los ambientes paradisiacos, reservadas a la preparación de sustancias mayores estimulantes. El tabaco a enrollar será cosecha más difícil por mucho que deroguen de un plumazo el edicto que impedía fumar en los puestos de trabajo y en las oficinas públicas de empleo. El terreno cultivable se ha reducido ostensiblemente con tanta incertidumbre en la localización de la ciudad de los casinos. De la fértil huerta barcelonesa tampoco procederán dotaciones suplementarias de hojas frescas de material fumable. Las expectativas han revalorizado unas tierras hasta tal punto que se requieren otro tipo de actividades para rentabilizarlas. La provisión de los casinos madrileños y grandes masas de ludópatas cojea. Una contrariedad no contemplada que puede devolvernos al prohibicionismo imperante por falta de género. Los ojos, con humo o raya, deben mantenerse despiertos largas
noches en un imperio donde empieza a no ponerse el sol sin gota de sangre alguna. A la que se cierren, todas las pesadillas pueden aparecer por la imprevista y subconsciente imaginación.

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Publicado por en 10 septiembre, 2012 en política

 

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El gran debate


El ambiente no era el mejor para un contraste de pareceres. La cadena caracterizada por el cotilleo, el chismorreo o la superficialidad de enfoques no debe ser el mejor lugar donde albergar una discusión necesaria. Pero seguramente en una plaza de toros, aunque vacía de seres vivos, las palabras hubieran derivado en peores actitudes por aquello del contexto.
Tele 5 no es el lugar más adecuado para debatir absolutamente nada. Se puede insultar a destajo donde la moderación escasea. Como toda primera piedra, lanzada en igualdad de condiciones es sucedida por posteriores ataques y así sucesivamente. Pero no fue del todo así. El pasado sábado en el gran debate, que de momento dio gran voz a quien se la ganó con peculiares acciones situadas más allá de lo que legalmente se conoce como delito, reinó una superficial paz. El debate, inexistente, se fundamentó en lo trivial.
La torpeza estuvo bastante bien repartida. Las líneas trazadas por la moderación instigaron el pobre contenido de una conversación insulsa. Los contertulios no quedaron muy rezagados y tampoco supieron añadir ingredientes suculentos a las paupérrimas palabras periodísticas.
El guión se propuso restringir la discusión a la condena o aprobación de los hechos acaecidos en varios supermercados andaluces y lo consiguió fácilmente. Las imágenes emitidas remitían a esa controversia. Juan Manuel Sánchez Gordillo como protagonista no se supo sacudir esa línea argumental en ningún momento. Fue víctima de las palabras que no tenían más intenciones que restringir su capacidad de maniobra. Las acusaciones vertidas sobre este personaje y sus compañeros, que se fugaron sin pagar 10 carros de la compra de un comercio, se podían haber zanjado con un reconocimiento fugaz de las culpas. A partir de este punto la oportunidad de pasar a otros temas hubiera sido viable y necesaria. Pero el insigne diputado prefirió arremeter contra media casta de políticos, banqueros y empresarios varios, evasores de impuestos, tras cada ataque oral. No era el mejor momento cuando, aunque sea en Tele 5, ofrecen la oportunidad de hablar largo y tendido durante dos horas. Porque no se trataba del gran debate sino del único ante un vasto público a quien exponer alternativas.
Apareció Gaspar Llamazares, en conexión directa desde Oviedo, que fue uno de los pocos políticos que había salido en defensa del alcalde de Marinaleda. La conversación siguió girando en las aprobaciones y repulsas de un hecho sin trascendencia del cual la justicia ya se encargará de dirimir veredicto. El político está para servirle un catecismo distinto al existente a un juez que asimila textos sin entrar en valoraciones. Exactamente la misma función que ejerció la abogada presente en el plató. Nos leyó aquello que todo el que quiera tiene opción de leer en los textos jurídicos.
Lo que quedó claro con la entrevista al ex-coordinador de Izquierda Unida es que sus opositores no andan muy finos en sus acusaciones. Le lanzaron varias reprimendas por poseer 300000 euros en cuentas bancarias, cosa perfectamente coherente con una persona que se mantiene al margen de la vorágine consumista.
Igual que en el bando situado a la izquierda, en el de la derecha tampoco andaron muy generosos en el relato de las consecuencias que supondría la estricta aplicación de su sistema de valores, si es que los tienen. Es el contenido que más se notó a faltar como casi siempre que aparecen en pantalla. ¿Alguna vez se atreverán a decir abiertamente que están por la labor de proporcionar alimentos, sanidad, educación, ropa o satisfacer cualquier otra necesidad en función del poder adquisitivo de cada uno?
Mientras unos callaban lo que siempre omiten, Juan Manuel Sánchez Gordillo anunciaba que sus acciones podrían tener fin aquel día en que el gobierno legisle la manera de hacer llegar alimentos a los necesitados procedentes de grandes superficies. En otras palabras; proponía crear otro impuesto que no fue ni rebatido por ninguno de los contertulios. Adentrarse en asuntos esenciales les hubiera podido significar tener que hablar de otras maneras de satisfacer las necesidades de los estómagos que no es otra que dotar a algunos individuos de tierras o a otros de herramientas financiadas con recursos públicos, bancarios o benéficos. Es en estos territorios donde perciben el peligro de salir quemados y nunca se meten. Porque quizás tan siquiera tengan plan alguno.

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Publicado por en 15 agosto, 2012 en política

 

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Abandono


Air Europa, la compañía aérea del Grupo Globalia, anunció este miércoles el lanzamiento de una nueva ruta entre Madrid y Valencia, que comenzará a operar el próximo 29 de octubre con cuatro frecuencias diarias. De esta manera, Air Europa apuesta por una ruta que se vio fuertemente afectada por la puesta en marcha del AVE a finales de 2010.
A estas alturas ya no sorprende la batalla por la captación de billetes de las distintas operadoras de transporte. Impresiona muchísimo más que los nuevos intentos sigan centrados en la utilización de infraestructuras existentes. El aeropuerto castellonense sigue esperando superar el registro de aterrizajes que ostenta el planeta Marte, aunque sin tripulación momentáneamente. Situado a distancia parecida de la capital del reino y no excesiva del aeropuerto de Manises, no está ni en el punto de mira de los experimentos, que muy probablemente están condenados al mismo fracaso que el semi-abandonado aeródromo privado.
Pese a ser importante el potencial de este tipo de trayectos para una ciudad que carece de conexiones veloces hasta Barajas y sus cercanías, Air Europa tampoco pensó en cortar las cintas en las que por el momento no se ha podido perder ningún equipaje.
No bastó para animar la inauguración efectiva de los proyectos fabrianos que el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias haya decidido suspender el proyecto para adaptar la estación de Renfe de Castellón a la llegada de la alta velocidad. Esta decisión podría retrasar todavía más la llegada del AVE a esta ciudad

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Publicado por en 9 agosto, 2012 en política

 

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Billetes sin retorno


El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció la buena nueva en el Congreso. El Gobierno formulará una ley para modificar el tratamiento fiscal de las plusvalías y luchar así contra los especuladores. Montoro avanzó que la intención del Gobierno es equiparar el tratamiento fiscal que se da a las plusvalías en España al de los países de su entorno.
Una medida populista en tiempos de descrédito. Necesaria para encauzar la mínima credibilidad que todavía resta al ejecutivo tras aprobar los ajustes más impopulares de la historia. Por ese motivo el ministro se esmeraba en subrayar la injusticia de un tipo único de gravamen para quien obtiene plusvalías en un día comprando en bolsa que contrasta con lo tributado por un trabajador que liquida a un tipo progresivo. Aunque en el seno de los mercados aquellos que todavía suden algo y aceleren el ritmo cardiaco sean precisamente los especuladores no hay piedad para esos malvados individuos. Están marcados con la señal de la bestia y son culpables de todos los males. Si vuelven las ejecuciones públicas se estrenarán con esos individuos. Pero sin introducirnos en posibilidades a más a largo plazo. Con esta línea marcada, el actual ejecutivo promoverá la acumulación de billetes en casa para no molestarnos ni en ir a la compra. A las juntas de accionistas donde se decide buena parte de nuestro futuro se prohibirá la asistencia. Reservado el derecho exclusivamente a las entidades depositarias (no necesariamente financieras) en representación de los benditos ahorradores y con la potestad de especular en cada una de las decisiones tomadas.
El tipo único del 18% que puso el Gobierno socialista para gravar las plusvalías pasa a tener tres tramos. Desde el 1 de enero de 2012 los rendimientos del capital tributan al 21% hasta 6.000 euros, al 25% hasta 24.000 euros y al 27% a partir de 24.000 euros. Recordando el término socialista en su intervención, hecho imprescindible en el escenario irreconducible en el que estamos. Hay que aclarar cada dos por tres que los demás era mucho peores dejándolos señalados en cada una de las frases de duros contenidos. Rubalcaba no se quedó a la defensiva en la tarea. Sacó una propuesta más populista todavía que deja en jaque al actual gobierno. Crear un impuesto para las grandes fortunas, proposición que no puede superar un ministro todavía en el cargo como Montoro. Este tipo de apuestas terminan elevándose una vez los mandatos terminan. Por ahora la puja se la lleva Rubalcaba.
La injusticia, como señala Montoro, existe por mucho que quiera revestir al sistema tributario con tintes de ecuanimidad populistas. Siguiendo con la deriva hacendística que cercena momentáneamente la malvada especulación, la gubernamental CNMV volvió a prohibir las operaciones a la baja en el mercado continuo español. Sirvió la medida para voltear la peligrosa tendencia hacia la que se encaminaba el IBEX en la sesión de ayer. En la de hoy todo lo que se aupó a partir del anuncio que se repite cada ciertos meses volvió a las andadas, descendiendo progresivamente el indicador hasta perder los 6000 puntos. La excusa fue la amenaza de los otros que tienen la manija de la confianza. Moody’s advertía de los peligros en los que incurre Alemania en su faceta de país rescatador. Pese a aumentar la noticia los tipos de interés germánicos, situados en terreno negativo los españoles subían algo más. La prima consecuentemente se disparaba hasta máximos históricos y también relativos en la última época.
Más se perdió en Cuba y no precisamente por el hecho que Oswaldo Payá haya traspasado. Se perdió toda la credibilidad que nos conduce a especular por las causas de su muerte antes de que el mercado tome definitivamente el último rincón caribeño. En bolsa los descensos siguen siendo una anécdota para la mayoría. Los contemplan de lejos sin esperanza alguna en recuperar lo invertido, o ahorrado que ya ha pasado a definirse como aquello que no es posible perder. El ahorro ya no es inversión ni mucho menos especulación. En este debate es en el que están inmersos cientos de miles de individuos. Los bandos se han formado alrededor de aquellos que creen incondicionalmente en la entidad donde los depositan y aquellos que van tomando las riendas de sus capitales que cada día adquieren menor importancia.
Los complejos están todavía altamente extendidos entre los gobernados y entre los gobernantes. Tanto en Cuba como en su antigua metrópoli. Si han asesinado a alguien que lo proclamen en la isla. Si quieren terminar con la especulación que lo hagan en la península. Medidas como las últimas de Montoro sólo conducen a las élites de la especulación a especular magníficamente sobre los lugares en los que a partir de ahora reconducirán su frenética actividad y sobre las infinitas empresas que verán aparecer apostantes a la baja solicitando títulos prestados a su accionariado.

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Publicado por en 24 julio, 2012 en finanzas, política

 

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Golpe de estado


En apenas unas semanas un ex-consejero de la Generalitat de Catalunya en tiempos de gobierno tripartito ha pasado de la libertad más absoluta a la condicional bajo fianza.
En términos rigurosos libres no lo somos nadie. Pero algunos lo son un poquito más que la gran masa de súbditos. No por el hecho de disponer de los 150000 euros que se exigían como fianza por la salida de prisión. Sino por la condición que ostenta uno de tantos individuos que milita en alguna formación política.
El afortunado Jordi Ausàs traspasó algún grado de libertad que no está al alcance de toda la militancia llamada de base. U obediencia, según como se mire. Según como se quiera mirar se situó en aquellas esferas que deciden lo que se considera contrabando, que solamente es importar más de 15000 euros de algún producto en un día sin pasar por la aduana. Deciden dónde se puede fumar y a qué precio, cuestión muy importante para que a alguien se le ocurra practicar oscuros negocios entre fronteras. Quizás en breve la electricidad, el gas o las bombonas de butano que aumentaron un 4, 2 y 6% respectivamente, sin IVA incluido y por decreto de los mismos de siempre se empiecen a pinchar de estados vecinos, que encima disponen de suficientes nucleares. Deciden incluso dónde se sitúan las fronteras a partir de las cuales a las transacciones comerciales se las llama importaciones, o contrariamente importaciones. Y hasta si Andorra tiene que seguir existiendo en el futuro más inmediato como un estado que de independiente no tiene absolutamente nada. Depende del contrabando de lo que sea desde tiempos inmemoriales.
Pero no deciden solamente esas nimiedades que les acabo de contar. Su inspiración se traduce en edictos que señalan la cantidad exacta que los jueces deben exigir a cualquier presunto culpable de un delito por pasar los días que le separan de la sentencia en la calle. En este caso queda claro que la cantidad es asumible por parte de un personaje vinculado con los parlamentos y despachos públicos. No es casualidad que también lo fuera para absolutamente todos los imputados que han ido deambulando por las salas de la justicia como Jaume Matas o Francisco Camps. En otros términos podríamos llegar a aseverar que unos somos más presuntamente inocentes que otros, también por decisión política.
Tampoco es mucho menos una nimiedad que en la trama de contrabandistas participara otro tipo de personajes situados en una escala inferior de la esfera pública. La policía, el ejército o la benemérita no son órganos decisores en la diferencia entre el contrabando y el puro comercio. Pero alguno de sus asalariados en mayor o menor medida lo ha practicado históricamente. O simplemente lo ha perdonado, encubierto o también sentenciado implacablemente.
Esperemos que como consecuencia de los recortes en sus salarios no se vean empujados a sacar rendimientos extraordinarios en actividades que nada tienen que ver con el orden público. El mayor lucro de todos se empieza a insinuar en círculos altamente alternativos como una alternativa coherente a la miseria que se empieza a expandir por los cuerpos de seguridad del estado. Cuando todo pinta en contra sólo resta sumarse a las movilizaciones del funcionariado civil o bien pasar a ejercer el poder reservado al político. Desde la tribuna administrativa es desde donde recuerden que se decide lo que es contrabando o aquello que se puede fumar, beber o inyectarse. Sólo tras un golpe de estado alcanzarían estos individuos la condición necesaria para legislar en su favor comercial. El primer término que confundirían en los textos el de requisa con la expropiación. El segundo aquello que hoy se describe como delito de corrupción siempre que la actual casta política se sumase al movimiento. Razones no les faltan a unos ni a otros. Sinergias tampoco.

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Publicado por en 18 julio, 2012 en política

 

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