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Siglas con todas las letras

Es farragoso interpretar encuestas electorales. Tanto que en pocos días, las avalanchas de datos difieren en tal grado que desconciertan nuestro olfato, en la tarea de identificar tendencias o errores en la muestra. Hoy no es pertinente seguir avanzando en la locura colectiva ocasionada por baterías de sondeos. No se merecen este honor. Tampoco habría que dar demasiada importancia a todas aquellas apariciones que los variados candidatos realizarán hasta un 23 de noviembre, día antes de la reflexión generalizada en una Catalunya con ansias de celebrar un plebiscito. Pero que tendrá que vivir hasta la próxima fecha reservada a las urnas.
Quedan solamente diez días en los que será excesivamente fácil escuchar tonterías encendiendo la tele, la radio o recibiendo un sobre de correo electoral. Llevamos cinco en los que superficialmente ha quedado todo bastante claro. Las siglas son las mismas que casi siempre. Los lemas están en el fondo de cada neurona, para desde lo más recóndito repetirse como un estribillo de agradables sensaciones. Porque todo es precioso. Gane quien gane habremos encumbrado alguna cara amable con formas impecables y una dicción sensacional en varios idiomas.
Escudriñando estos días por la red encontré una curiosa dificultad. Se hace difícil leer los programas de las distintas candidaturas que han conseguido el aval necesario para someterse al dictado de las papeletas. Mucho más fácil resulta bajar a la calle, acudir al primer mercado y esperar a que de un momento a otro aparezca algún personaje con intereses en las urnas. Suele ser hasta rentable para el estómago. Este tipo de actos termina con algún refrigerio financiado impecablemente mediante deuda. Como el pienso que los cerdos inteligentemente comen, se convierte en el arma arrojadiza de un pastor que facilita su tarea rellenando todos los huecos gástricos.
Somnolientos no discurrimos. Echamos la siesta y en ello parece que podamos estar. Tras cinco días de campaña indigestos de tantos repetitivos lemas. Conviene en este punto dejar de ingerir absolutamente toda la pólvora electoralista. Solamente la lectura nos puede acompañar hacia el buen camino. Los programas aunque cuesten de encontrar, se redactaron en beneficio de un bien común que tratarán de dibujar las cámaras parlamentarias. Al menos eso cuentan, aunque sin garantía de que la voluntad popular expresada en las urnas sea respetada. Los programas electorales no son contratos, pero conviene conocerlos como cada cláusula de unas condiciones laborales donde estampamos la firma. Los abusos pueden estar a la orden del día en caso de caer en la ignominia.
Conocer la verdad nos puede hacer libres. Hoy me apetecía compartir este conjunto de ocho verdades que seguramente son imprescindibles para comprender un futuro incierto. Escoja aquella que más se aproxime a la suya. Son así de sencillas las elecciones. Pinche en los logotipos y encontrará brillantes y oscuras realidades que esconden:









Como habrá podido leer hay variedad, cantidad y también mucho plagio en las distintas propuestas de las principales candidaturas que concurrirán a las próximas elecciones al “Parlament de Catalunya” el próximo 25 de noviembre. Incluso existe la posibilidad de votar sin decantarse por nadie de una manera novedosa. De aquella en la que queda clara la expresión del descontento, nunca computado en cada sobre nulo o en blanco. Para finalizar le dejo una pequeña muestra audiovisual de lo que el ingenio de los demócratas de nuevo cuño se atreve a realizar. El hartazgo por todo lo anterior es más visible que nunca. El aumento de votos desafectos, respecto los pasados comicios, está probablemente asumido por parte de los organizadores del evento. La obtención de representación de la desafección, o la prudencia, ante la duda de parte de lo incomprendido anteriormente, supondría una de las sorpresas de la noche de las urnas rotas. El envío de algún político a la inactividad parlamentaria no es bueno ni malo. Como ninguna de las siglas que les patrocinan tiene significado alguno, si previamente no se conocen todas las letras.

 
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Publicado por en 13 noviembre, 2012 en política

 

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Los martes, al sol

“Las apuestas atinaron a la perfección un desenlace rentable para la mayoría de norteamericanos. Las urnas expresaron un sentimiento mayoritariamente demócrata. En sintonía con unas encuestas que preveían unos resultados excesivamente igualados. Lo que podría parecer una contradicción no lo es. En Estados Unidos el voto de cada individuo no tiene el mismo valor. Hay que calcularlo en función de la situación geográfica. Parecido a lo que ocurre en España y no por casualidad. Dicen los expertos que en el sistema norteamericano se inspiraron los redactores de la transición, o los inspiraron de secretas maneras. El resultado lo conocemos sobradamente. Dos partidos con sendos representantes luchan por hacerse con numerosos escaños en multitud de provincias, donde no caben siglas minoritarias para mandar representación a Madrid. En lugares más poblados, la obligación de decantar la balanza hacia el bando que menos desagrada supone el reblaje del clavo bipartidista, muy atenazado por la desigualdad con la que encaramos las urnas.
Spain is different” al menos en las formas. Por aquí no hay demócratas ni republicanos. Hay solamente siglas con programas parecidos que intentan convencer a aquel electorado indeciso que se acerca a la papeleta. El miedo por si ganan los rematadamente malos es un protagonista de las campañas con demasiada frecuencia. España se mueve al mismo ritmo que los Estados Unidos. Olvidando el camino del twist, el rap o el rock n’roll por su amplio grado de conocimiento, merece la pena incidir en el ritmo que nos pasa desapercibido. Al compás del petróleo que no cesa de explosionar en millones de motores de todo el planeta se mueven nuestras células. Sin poderosos síntomas de que vuelvan a respirar simplemente aire.
Los titulares nos contaban el triunfo de Obama en unos comicios muy apretados en las papeletas. Con la boca pequeña narraban el de Hugo Chávez unos días atrás. El líder bolivariano espera su espacio en las portadas tras organizar algún escándalo mediático-populista. Escenificará todo el tiempo que desee el candidato electo venezolano. Expresará lo que le dé la gana, pero en la práctica exportará los barriles hacia el lugar que le ordene el imperio del crudo. Puede ocurrírsele la brillante idea de repartir los beneficios de esta suculenta industria a todo el pueblo, como se le ocurrió al fallecido Gadaffi, pero los regalos tienen que ser fruto de la venta de oro negro a quien convenga recibirlo. Puede ocurrírsele la brillante idea de obligar a los feos a taparse la cara o prohibir la práctica del aborto a los gatos, como por tierras de Oriente Medio consentirían los adalides de la paz, siempre que a la hora de llenar los depósitos se acuerden de quien manda por tierras lejanas.
Catalunya no está sola en el deseo de independizarse. La principal superpotencia mundial aspiraba a exactamente lo mismo hasta el día de ayer, mucho antes de la amenaza extraterrestre que nunca acaba de llegar. En 2013 y por efectos de un precipicio fiscal sin precedentes, el gobierno de Estados Unidos está comprometido a aumentar impuestos y a reducir múltiples gastos. El más ostentoso será el militar que está previsto recortar hasta la mitad de las cifras actuales. Con menos efectivos para conquistas era preciso establecer un plan alternativo. Casualmente, los dos programas mayoritarios incidían en la necesidad de aumentar la soberanía energética en cuatro años que se prevén fugaces en el intento. El republicanismo optaba por la energía nuclear y los demócratas por la solar. Ambos rivales sintonizan con prácticas de extracción de arenas bituminosas en territorio nacional, a base de escarbar y numerosos productos químicos que no permiten crecer la hierba por allí donde han sido vertidos.
Con el triunfo de Obama ya nos podemos ir preparando porque los jefes del tinglado lo están haciendo. La cuestión no radica en que haya salido uno u otro candidato elegido. Lo trascendente hay que buscarlo en el hecho que la campaña haya concluido. Es entonces, cuando las verdades empiezan a aflorar. La independencia de Estados Unidos la tendremos que contemplar al sol, tras un martes excesivamente ajetreado.

 
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Publicado por en 7 noviembre, 2012 en política

 

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Especulaciones presidenciales

Siguen discutiendo en tierras estadounidenses por el descenso o aumento del paro. Los tiempos de recolección de votos traen estas consecuencias. El día después de las elecciones, resultados en mano, continúa el debate sobre quién se alzó con la victoria. Algo muy representativo de hasta qué punto un proceso electoral puede estar mediatizado. Sin micrófonos los escrutinios cantarían. Con altavoces estamos obligados a escuchar óperas diversas, contrapuestas y hasta incordiantes.
Los oídos deben estar silbando a multitud de desempleados norteamericanos que por no tener otra cosa mejor que hacer, ni se molestan en perder el tiempo buscando su media naranja contratante. Según unos, suman algunos millones quienes han desistido en la captura de un salario. Según otros, la economía planificada por Obama empieza a ir como un tiro y a generar ilusionantes puestos laborales.
Ahí está la clave para quien quiera identificar el dato publicado este viernes como un vaso medio lleno o como otro medio vacío. Ambas posibilidades existen y se sirven a la carta por parte de unos medios de comunicación más próximos a uno u otro candidato. Son pocos, entre los grandes, porque reciben de respectivas clientelas exactamente lo mismo. Todos tienen la razón y así lo expresan las encuestas con un empate técnico entre los dos candidatos al trono. La victoria de Romney u Obama será por los pelos.
En Estados Unidos no tuvieron bastante con la creciente especulación financiera desencadenante de la fuerte tormenta monetaria. Necesitan jugar también con unos datos que son mucho más benévolos que una cruda realidad, se mire por donde se mire. La crudeza reside en el hecho de que un mercado que crea la cifra, nada despreciable, de 171000 nuevos puestos de trabajo no sea capaz de disminuir la tasa total de desempleo. Más crudo todavía es discernir si puede ser consecuencia de la ilusión provocada la vuelta a las labores de búsqueda de empleo por parte de una gran masa de estadounidenses. O si han aterrizado de nuevo cientos de miles de participantes por cuestiones naturales o migratorias. Son sensaciones que ningún barómetro será capaz de medir. Desesperación o ilusión pueden ser el hilo de dos interpretaciones verosímiles de la situación. Para salir de dudas, especulaciones con programas incumplidos y cifras insensibles, bastaría con haber publicado un simple agregado. Aquella cantidad del PIB que se ha destinado a pagar salarios en los últimos tiempos es mucho más explícita que todo lo anterior. Una manera mucho más precisa de vislumbrar los ánimos de la parte contratante a la hora de remunerar el factor trabajo. Este barómetro mide con mayor efectividad la generación empleo neto y terminan las discusiones analíticas. Separa el grano de la paja excelentemente, en términos simples. Por la senda de los números de contratos, de más o de menos, seguimos en la perdición político-económica a la que ya estamos quizás demasiado acostumbrados para darnos cuenta.
Tan perdidos y confundidos nos encontramos que el imperio mediático “El País” publicaba el sábado esta información que no se aguanta ni con pinzas en el tendedero tras el paso del “Sandy”. Claro que los “sinpapeles” votan. Siempre lo han hecho. Tal y como los documentados que solemos poseer una sola identidad podemos votar varias veces. Unos más que otros que para esto tampoco hay igualdad de oportunidades. Cuando la confusión es máxima crece el potencial de hurgar afecciones en cada revuelo informativo. Para eso no es necesario tener ninguna nacionalidad. Solamente basta tener licencia, desvergüenza o algo de jeta y rascar en la irracionalidad, natural o provocada, de unos descolocados electores. El botín, más que nunca puede depender de la pericia en utilizar este arma que apunta el prestigioso periódico.
Las consecuencias, gane quien quiera, serán la vuelta a la recesión. El gasto público que sustenta el auge artificioso, da los últimos coletazos en Norteamérica. No habrá que esperar a enero para leer cifras mucho más clarificadoras y a su vez terribles. El Tea Party está esperando cobrar la aprobación del incremento del techo de deuda hace dos años, cuando el estado más poderoso del planeta naufragaba. Nada es para siempre y será en enero cuando empiece a obtener los frutos prometidos. La reducción del gasto público y el aumento impositivo, debería pasar factura a una de las economías más endebles del planeta. Este retraso consentido puede mantener a Obama en la misma situación que Zapatero como inquilino de la Moncloa en los tiempos más difíciles de la historia. Una retirada a tiempo podría valer más que una victoria. El triunfo en las elecciones presidenciales debería festejarse humedeciendo las barbas, no los labios.

 
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Publicado por en 4 noviembre, 2012 en Economía, política

 

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¿Catalunya comunidad autónoma?

Resuenan tambores de independencia desde una Catalunya que no ha sido capaz de configurarse como próspera Comunidad Autónoma. Tres décadas no han sido suficientes para un cometido, tan difícil como olvidado. Al contrario, el tiempo ha situado a la población catalana en una Europa decadente, dentro de una España en ruinas. Donde ya estaba hace siglos, pero ahora hasta las cejas.
La precariedad es el hilo que explica en gran parte la percusión que se escucha. Las dificultades han hecho acto de presencia en cientos miles de hogares, cuando no in situ muy próximamente. El referéndum debería proseguir al sonido estruendoso, materializado en la mayor concentración de masas que ha tenido lugar en Barcelona en toda su historia. Los entierros de Francesc Macià y Buenaventura Durruti fueron superados ampliamente este 11 de septiembre más reivindicativo que nunca. Más allá del sano ejercicio, aceptado por una gran amplia mayoría según varias encuestas, aventurarse a dar pronósticos es difícil. Las evidencias son pocas, pero hay una entre muchas sombras. Ocurra lo que los electores decidamos, el resultado del deseo de partir peras con el actual marco constitucional será históricamente elevado, como lo fueron las muestras callejeras de hastío. Mayor que en ninguna época del reciente pasado que conocemos a la perfección.
Pequeñas voces discordantes con la configuración fronteriza que hasta olvidamos por su invisibilidad, repitieron en vano durante años de prosperidad jamás conocida todas las proclamas que ahora ocupan los grandes espacios mediáticos catalanes. El mismo bienestar que no estimulaba a prestar atención a los diversos problemas que se mascaban en las entrañas sociales, impedía que se expandieran las voces de forma viral por amplias masas de conciencias. El independentismo estaba condenado a ocupar posiciones minoritarias. Una vez se expande, nos condena a la misma inopia que años atrás el tan alabado bienestar.
Con la ilusión de escapar de un marco político-económico miserable, amplias capas de la población se sienten reconfortadas. El independentismo, como escapatoria, brinda una oportunidad, relativamente fácil hasta parecer única, de ilusionarse. La rotura de los lazos jurídicos se delega en los hijos de aquellos que durante la transición redactaron amplios textos constitucionales. Pasadas las turbulencias gestionaron en silencio, similar al de la dictadura precedente, un estado centralista y de las autonomías que agoniza por ambas vertientes. Mayor motivo de satisfacción para unas masas poco acostumbradas a comprometerse y unos políticos deseosos de que así sea. La delegación en los mandatarios elegidos en los próximos comicios anticipados, satisface a un Artur Mas que usó el calendario en su provecho, pero también a una ciudadanía que le gusta ejercer su condición muy de vez en cuando.
Unos pocos ostentarán la histórica papeleta emancipadora, para probablemente salir reforzados del proceso. El corte de las relaciones que nos mantienen económicamente en pie resulta un tanto más difícil. Por este motivo, es preciso largarse sin hacer demasiado ruido aunque las formas sean beligerantes, como una precampaña inédita requiere. Sin intentar molestar a nadie y continuas excusas se celebrarán los resultados obtenidos el 25 de noviembre. Hasta la jornada de reflexión las fieras aparecerán por todos los mercados municipales, pero para amansar a amplias masas de perdedores de poder adquisitivo. Las interacciones económicas primordiales no pueden verse afectadas por ningún proceso secesionista. Porque en realidad la secesión no se persigue en su más amplia dimensión. Sólo se busca en algunas conveniencias de agradable practicidad. El mismo criterio del beneficio y la pérdida que a los contrarios inspira una lista de argumentos y acciones para retener cualquier pérdida territorial.
España se ha caracterizado en las últimas décadas por acercarse a todo un señor continente a cambio de unas gustosas migajas, denominadas fondos de cohesión y que se reparten entre los desfavorecidos. Los racionaba un continente conocidísimo a la perfección por su historial colonialista y su presente no exento de conquistas. Las últimas proezas de los compañeros de viaje de Bruselas tienen amargos tintes de sumisión, pero tampoco se adivinaban en los gloriosos años de bienestar. La independencia no pasa por la cabeza tampoco de la ciudadanía española. Solamente visita interesados sueños una peseta enterrada o la posibilidad perdida de engañar a medio mundo devaluando el tipo de cambio para colocar gangas internacionalmente.
La independencia no recorre la cabeza de nadie. Para ser exactos, muy pocas mentes la entendemos en todo su significado. Ninguna de ellas saldrá victoriosa en las próximas elecciones que se avecinan duras de roer por ambos bandos. Pocos prestarían caso a un auténtico partido independentista. Las papeletas auparán candidaturas que garanticen la continuidad en una Europa unida y benevolente, pero que de vez en cuando puede dar algún bocado de amargas sensaciones. Estas parejas de baile armadas de cuchillos son muy buenas hasta que los usan para exigir la devolución de lo disfrutado.
Las encuestas hablan por sí solas, pese a estar realizadas con muestras reducidas y preguntas escuetas. La mayoría confirma el deseo popular de que Catalunya salga de una España en ruinas. El motivo principal que se expone es el económico. Uno de estos cuestionarios se atrevió a preguntar la preferencia por una Catalunya totalmente soberana y otra vinculada a la Unión Europea. La opción independentista bajaba sustancialmente a niveles minoritarios en caso de que el nuevo estado surgido se quedara fuera de un continente, capaz de fagocitar todo lo que se mueve alrededor de sus dictados.
El león independentista no es tan fiero como lo pintan. Es manso, tras una educación profundamente catalanista que apenas se reduce a educar en un idioma, supuestamente en vías de extinción por masacres pretéritas. Los valores de la tierra que habitamos los catalanes todavía no ha sido capaz de transmitirlos el sistema educativo provinciano porque los desconoce. Se agarra a un petróleo lejano y así vamos transportando desde hace demasiadas décadas. Durante el siglo XIX era el ejército español quien mantenía los mercados que tanto gustaban a los empresarios textiles que mostraban su indiferencia por la vida del recién llegado desde el campo. En pleno siglo XXI Artur Mas es consciente de que una Catalunya independiente no puede permitirse el lujo de mantener un ejército. Quizás por experiencia de haber perdido todas las guerras habidas desde hace más de seis siglos, las fuerzas armadas serían mercenarias. Quién sabe si las mismas que se ocupan actualmente de la integridad de España. Quién sabe si regidas por el mismo jefe de estado a quien le empieza a salir descendencia no reconocida por territorio soberanista. Quién sabe si apoyados todos ellos por la misma siderurgia vasca, tan importante hace dos siglos y tan inmersa en otro proceso de similares características.
El independentismo lo es en realidad tan poco que en tantas décadas en las que el marco jurídico designaba a cuatro provincias del noreste de la península como Comunidad Autónoma el término se interpretó con las mayores connotaciones negativas posibles. No es que hayamos fracasado en el intento de formar una comunidad política los catalanes. Es que por principios sus diseñadores sabían que era imposible llegar a establecer un marco de relaciones pleno entre los habitantes de un territorio en el que no podemos llegar a conocer apenas a un 1% de nuestros compatriotas. Deberíamos pasar la vida entera estrechando manos y probablemente no haríamos otra cosa que presentarnos los unos a los otros. Catalunya es rica, pero no se puede permitir estos lujos, por mucho expolio fiscal que consiga erradicar.
La otra divina palabra que acompaña al término comunidad es ni más ni menos que autónoma. Interpretada en la versión menos independentista que se pudiera interpretar. Basta visitar el puerto de una de las ciudades más cosmopolitas del continente para darse cuenta que del término al hecho hay mucho trecho. A continuación de los barcos se divisan aviones a un aeropuerto que se repite continuamente que hay que situar a la altura del centralista Barajas. Como más independentista se siente uno parece hasta tener mayor obligación de repetir estas proclamas. Para, a mi modesto criterio, dejar de serlo.
En términos macroeconómicos la autonomía perseguida por la patriótica Generalitat de Catalunya se ha traducido en crecientes importaciones y exportaciones. No han parado de aumentar bajo el mandato de Jordi Pujol, Maragall, Montilla y el delfín Mas que pretende emanciparnos a todos. Sólo sirven para destacar posibles dudas respecto a la viabilidad del nuevo estado catalán. Una economía que exporta al nivel de las más pujantes de Europa no debería pasar apuros. Pero olvidando la otra vertiente importadora el drama puede estar asegurado, dentro o fuera de España. En el supuesto de cortarse los suministros, una economía profundamente dependiente como la catalana o la española se desmoronaría como un castillo de naipes. Algo que en parte ya sucede, pero paulatinamente. El petróleo sigue llegando mucho más caro y un tejido industrial tan interdependiente tiembla, despide multitudes hacia el paro y los sitúa a pie de calle reclamando una independencia jurídica, capaz de solucionar las mismas problemáticas que una nueva ley de dación de pago para viviendas impagables.
La comunidad Autónoma que nunca lo fue ni se persiguió, pide a gritos una independencia simbólica que va a proporcionar unos 15000 millones de euros a una población esquilmada por mucho más que un sistema impositivo injusto. Pero la simplicidad independentista trae estos lodos que hasta son capaces de dificultarnos la distinción entre las formaciones que han gestionado de la mejor manera posible los recursos disponibles y quienes los dilapidaron.
La Comunidad Autónoma que jamás consiguió serlo, pretende centrar el debate futuro en qué país interdependiente queremos llegar a ser. Cánovas del Castillo a propósito de un discurso constituyente tuvo la amabilidad de dejarnos una frase digna de pasar a la historia. Se atrevió a proponer escribir la frase es español aquel que no puede ser otra cosa, en una constitución de nuevo cuño discutida en las mismas cámaras de siempre. Los catalanes que no hemos ni tan siquiera pretendido alzarnos como Comunidad Autónoma, constituiremos una maravillosa nación que no ha podido ni podrá ser otra cosa a lo largo de su futuro próximo.
Con los actuales dirigentes que miran hacia el horizonte lo tenemos un poco más crudo. Tendrán hasta la difícil tarea de crear una marca para que medio mundo se fije en nuestras cualidades. Sabemos poco de la información que contendrá su código de barras, pero seguramente aparecerá se vende por alguna parte. No hay más remedio que seguir abriendo puertas, hacer ofrecimientos y recibir migajas. Como hasta ahora sucedió. La independencia no garantiza ninguna salida a la problemática real de la economía catalana. No es cuestión de sumar y restar flujos comerciales y fiscales. Es cuestión de pararse en las cuestiones cualitativas más sustanciales. Las interdependencias que se siguen avecinando nos condenan irremediablemente.

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Publicado por en 31 octubre, 2012 en política

 

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¿Galicia galáctica?

Siguen las sorpresas de todo tipo antes, durante y después de celebrarse unos comicios electorales. Los misterios tomaron Galicia y Euskadi en la jornada de ayer, marcada hasta por la lluvia que retrasó multitud de desplazamientos a las urnas. La intriga periodística que a mediodía anunciaba a bombo y platillo la disminución de la concurrencia a los colegios electorales, terminó en un recuento que acabó conteniendo similar número papeletas que en sendas ocasiones anteriores.
La especulación con los caminos tomados por los nuevos abstencionistas quedó relegada a otras ocasiones. Gallegos y vascos escaparon de la tendencia generalizada hacia la desafección. Motivos tenían para acudir con el derecho en la mano a depositar una lista en un sobre. Dos hechos diferenciales potentes lo hicieron posible.
En Euskadi, la vuelta al ruedo político de la intermitente izquierda abertzale suponía suficiente aliciente para un grupo de votantes constantemente perseguido, hasta con la ilegalización. Se había expresado de manera notable hace tres años acudiendo en masa para dar apoyo contabilizado como nulo, sin importarle demasiado la victoria de las fuerzas constitucionalistas. La persistente constancia debía aparecer, una vez autorizadas las listas de EH-Bildu.
En Galicia, la vuelta de uno de los pocos candidatos que en el pasado supo aglutinar bajo unas mismas siglas varias sensibilidades, acaparaba esperanzas a sus 76 años. Beiras no ganó las elecciones de forma demoledora ni lo conseguirá en el futuro, pero un digno puesto en la oposición le permite lanzar sucesores de su tendencia. Tiene todo el tiempo del mundo para esta misión olvidada en el último tramo de su vida profesional. Más vale tarde que nunca y mucho más todavía un entorno de crisis, perfecta con su particular fuerza opositora en lo más alto.
La sorpresa de media mañana no lo podía ser tanto con estos dos ingredientes. La abstención no podía tomar alegremente los colegios electorales. Las jaquecas, alergias o humedades mayores, las sufrirán a modo de resaca miles de electores gallegos y vascos. Había motivos para insensibilizarse con dolores, dudas y alternativas lúdicas varias. Una parte importante de la población tenía alicientes para llegar arrastrándose a la cita, probablemente compensando la indiferencia que se respiraba en el resto del mapa político que siguió viéndolas pasar.
Los partidos dominantes en la escena estatal refrendaban, en su cómputo total, pérdidas de afecciones sin precedentes. En Euskadi el PP se dejaba 20000 papeletas por el camino, en Galicia 140000. Sigue el misterio mediático, centrado en horquillas inexpresivas, de porqué se omite este fenómeno. Se nos presenta un Feijoo arrasando oficialmente en territorio gallego, pero con números en la mano con los peores resultados cosechados desde 1989. Perdía un porcentaje algo superior al punto, anecdótico superficialmente. Ahondando un poco más vemos perfectamente la eclosión del voto nulo y en blanco en una Galicia más harta de lo que pudiera parecer. Más de cinco puntos de electores se tomaban la molestia de acudir a las urnas para no votar a nadie en concreto. El triple que en los pasados comicios. Menos que los más del ocho por ciento de vascos que en 2009 hacían lo mismo, para simbólicamente dar apoyo a la actual Bildu que, sorpresivamente, se ha encargado de poner patas arriba el parlamento vasco. La práctica es efectiva, cuando no se quiere prestar atención, para distorsionar análisis sobre votos válidos que representan una mayoría cada vez más debilitada.
El gobierno de Feijoo tendrá una gran representación parlamentaria, pero será uno de los más minoritarios de la historia gallega. El fenómeno no es novedoso aunque a efectos mediáticos convenga presentarnos la ciudadanía gallega como una nueva raza extraterrestre que no se entera de nada de lo que sucede en la tierra. Aún a salvo, momentáneo, de unos recortes que afectan a toda la población peninsular, tanto lusa como española, ha demostrado también ser consciente de la tempestad que se avecina en sus carnes.
La tormenta perfecta que afecta al PSOE que sin embargo no merece la pena ni ser comentada, ocupa gran parte de las portadas de la prensa. Ha copado suficiente espacio en este mismo blog, tiempo suficientemente atrás para no poder representar sorpresa alguna. Los 100000 votos perdidos en Euskadi y los 200000 en Galicia no deberían extrañar a nadie. Incluso en Valencia, donde el Partido Popular se dejó cifras similares de afecciones en los últimos comicios, no fue capaz de salir del pozo profundo en el que se halla. La herencia de la gestión de Zapatero pesa duramente y empieza a notarse la de un Rajoy que sigue empeñado en llevar a su fuerza por el mismo camino.
La alternativa no se encuentra donde se ha buscado hasta ahora. Está situada en aquellas formaciones que históricamente no han gozado de despachos suficientes en la administración. Sin responsabilidades de gobierno han elaborado inmaculados y encantadores discursos en los parlamentos que empiezan a convencer a una masa creciente de desencantados. La debacle del PSOE y el desgaste del PP lo van recogiendo partidos como el BNG en Galicia o Compromís en Valencia. No son tan raros los gallegos, se pueden parecer hasta a los habitantes del otro extremo peninsular, por ello la suma de BNG y AGE arroja 50000 nuevos apoyos, inédito en el resto de candidaturas.
Las leyes electorales sitúan las tierras celtas en el extrarradio de la galaxia. Sus habitantes son dibujados con cuernos, rabo y naves espaciales. Siguen siendo tan humanos como en Valencia o Euskadi. Emigraron masivamente como los andaluces y con los mismos medios de locomoción. Votan como los valencianos. Pudiera parecer que hayan desembarcado de la luna recientemente, pero sólo aparentemente como los fenomenales resultados obtenidos por el Partido Popular, en la tierra donde Fraga clavó sus tentáculos durante más de una década. Nada más lejos que lo conseguido algún periodo superior por Jordi Pujol en Catalunya.

 
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Publicado por en 22 octubre, 2012 en política

 

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Sondeos de Wert

El ministro de educación se reafirmaba pocas horas después de haber defendido en el Congreso la españolización de los niños catalanes. Lo hacía catalanizándose por unos instantes un José Ignacio Wert, convencido y abucheado, este mismo miércoles en cientos de calles. En céntricas avenidas madrileñas varios millares de estudiantes salían a la calle, secundando una huelga en las aulas, con pancartas que van mucho más allá de los tan repetitivos recortes. Empiezan a representarse lemas referentes a la calidad educativa, superando el debate cuantitativo.
La futura generación “nini” parece estar harta. El miedo que corre por las aulas es tan extremo como las comidas de fiambrera recalentadas en microondas de pago. Los tumultos que se aglutinan en cada dependencia de cada escuela, parece empezar a articular una tímida reacción. Algunos padres acompañaban a sus hijos a los actos reivindicativos. Incluso algunos abuelos que no pudieron ir a la escuela en su niñez, pero empiezan a comprender muchas cosas desde el más absoluto analfabetismo. Las evidencias, cuando lo son tanto, caen por su propio peso.
Las convicciones del ministro de educación no son una excepción en el partido que dirige los destinos gubernamentales. La militancia del PP catalán aprovechaba para acusar en conjunto al gobierno de la Generalitat de haber catalanizado la escuela durante varias décadas. El ministro de exteriores José Manuel García Margallo comparaba nazismo con nacionalismo y marxismo. Un cúmulo de declaraciones que no se entienden aisladamente, sino en una estrategia con un destino en concreto. La vocación del partido que cuenta con mayoría absoluta ha quedado en evidencia en pocos días. Pese a que Margallo se esfuerce a contraponer ideologías que sitúan a la colectividad como fin, a la que dice defender su partido que entiende al individuo como destinatario final de la política.
El problema reside en que combatir la hipotética catalanización de las aulas españolizándolas no supone salvar al individuo de una condición colectiva impuesta. Supone imponerle otra. En este sentido y en la línea individualista podría ser preciso ir reduciendo el tamaño de las aulas, hasta convertirlas en clases particulares, con libros particulares y docentes únicos y peculiares. Hay una excusa muy potente que impide poner en práctica este experimento. El déficit público dispararía la deuda hasta niveles de quiebra. Pero en la imaginación del Partido Popular no figura tampoco esta opción, ni figurará en las épocas de bonanza que nos esperan en fases próximas de su mandato, según programa electoral establecido.
Las encuestas electorales que se van publicando en Catalunya difieren en un punto de las que se manejan por escenarios gallegos y vascos. Casi todas contienen un apartado en el que se le pregunta al encuestado si se siente español, catalán, más una cosa que otra o exactamente igual. En pocos días, un mes escaso, el mismo medio encargaba una de ellas a la misma empresa. Los resultados son cuestionables o cuestionan la verosimilitud de las conclusiones. En menos de un mes aumenta casi exponencialmente el sentimiento español en Catalunya. Crecen los conjuntos de personas que se consideran sólo españoles y más españoles que catalanes. Si se tratara de adeptos a un partido político sería entendible. En cuestiones de banderas las afecciones suelen ser mucho más estables.
Paralelamente también aumenta la preferencia por CIU que obtendría mayoría absoluta en los próximos comicios. Algo sigue sin cuadrar en la multitud de datos que nos esperan hasta el fin de la campaña. Pero esta vez el desliz es muy significativo. Expresa un estado de excepción mental de la población catalana o la desconfianza absoluta hacia este tipo de números. Las muestras son relativamente pequeñas hasta cuando se trata de trabajos del poderoso CIS. Es una debilidad destacable de estos intentos de recontar votos antes de cosecharlos. ¿Es tan potente el efecto de las declaraciones de un ministro para haber ocasionado cambio tan repentino en el sentimiento nacional de los residentes en Catalunya? Habrá que seguir más que nunca el recuento porque puede deparar sorpresas inesperadas.

 
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Publicado por en 18 octubre, 2012 en política

 

Catalunya sin PSC

Corría el año 2006 y faltaban tres para que Zapatero empezara a divisar los primeros brotes verdes de una economía española en profunda decadencia. Si alguien se hubiera atrevido a decir en aquel entonces que el transatlántico más reverdecido de toda la historia saldría de terreno enfangado, no se le hubiera tachado seguramente de atleta sino de volado.
El año 2006 no corría sino que volaba. Poco le restaba por carburar al motor expansivo de agradabilísimas sensaciones que se había caracterizado, entre otras cosas, por mantener una estabilidad parlamentaria en Catalunya. Una balsa de aceite definía a la perfección al embalsamado oasis catalán, tanto en lo que se refiere a los representantes como a los representados.
Los movimientos en las urnas fueron pocos e insustanciales desde que Jordi Pujol se hizo cargo de la presidencia de una Generalitat restaurada por la autonomista constitución. Un leve, placentero e inevitable goteo a la baja del partido gobernante fue constituyendo dos alternativas de poder. PSC y ERC recogían pequeñas muestras de desencanto hasta que Pasqual Maragall se hizo con el testigo entero. Fue el alcalde de Barcelona quien logró, por décimas, superar en votos a la invencible CIU. Fue Josep-Lluís Carod-Rovira quien consiguió cosechar poco más de la mitad del millón de apoyos que los dos grandes partidos.
El ánimo de renovación y el germen soberanista fueron los dos motores del cambio. Lo demás permanecía prácticamente constante. Tanto Iniciativa como el Partido Popular siguieron en su particular oasis con altibajos propios más de la casualidad que del crecimiento o el odio.
En estos tiempos que ya no corren sino vuelan, en los que se hubiera tachado de frívolo a cualquiera que se atreviera a pronosticar la exitosa resistencia de un Artur Mas, podadora en mano, ni tan solo resulta rara la extremada pérdida en los sondeos conocidos hoy de un PSC capitaneado por la incertidumbre. Entre las ganas de cambio y las de escapar de un barco que se hunde ha triunfado la opción más próxima al bote salvavidas. Desconocemos si se va a hinchar o dispone de remos, pero parece importante arrimarnos a todo aquel que priorice nuestra presencia.
En poco menos de seis años han sucedido muchas cosas en Catalunya. Dos procesos electorales y otros que vienen anticipadamente. Todos celebrados en una tormenta sin precedentes y difícilmente afrontable. El PSC de Pasqual Maragall, después de José Montilla y ahora de Pere Navarro se ha decidido por mantenernos en la incertidumbre. Votar a un nuevo capitán que no asegura tan solo si va a haber bote salvavidas para afrontar un certero naufragio, se ha convertido en una decisión minoritaria en poco menos de seis años. Parecía imposible, pero terminó siendo normal dentro de esta rara normalidad en la que nos balanceamos. También se hubiera previsto difícil mantenerse en el timón de una Generalitat a base de recortes y fue coser y cantar.
El germen que explica uno de los cambios más profundos en la tranquila política catalana de las últimas décadas, terminó expandiéndose y centró todas las miradas hacia la escapatoria. No hay mayor deseo que salir del actual marco jurídico. El último sondeo del CEO es elocuente. Hasta los votantes del PSC que sigue dudando, tienen clara la necesidad de refrendar en las urnas las fronteras administrativas actuales.
El trabajo está realizado a partir de 800 llamadas telefónicas y como gentileza se abstiene de trazar proyecciones de escaños. Solamente intenciones directas de voto que hablan por sí solas en presencia de buenos oídos. Se mantienen aquellos que están dispuestos a superar el actual marco jurídico. Se mantienen también quienes se autodenominan indecisos, pero que probablemente terminen votando desde el sofá de casa. Como vienen haciendo desde hace décadas los avergonzados de declararse abstencionistas. Nunca lo declaran hasta que llega el día de tirar el sobre, pero en la papelera. ¿Hasta en eso habrá cambiado tanto el entendimiento político como para esperar que de esta masa resucite el PSC? Evidentemente no. A este partido entre la espada y la pared sólo le queda aguardar al día de la independencia en el que empiecen a remitir los efectos de un germen devastador para sus siglas. Las miradas sólo se dirigen al patrón que manifiesta llevar adelante planes de evacuación del barco.
Si José María Aznar hablaba catalán en la intimidad, el PSC debe enarbolar discretamente un independentismo mucho más enfervorecido que el servido por unas siglas caracterizadas por dar estabilidad al oasis madrileño durante una larga época que no ha concluido en este sentido. Hasta el día antes de la independencia CIU sería capaz de votar junto al PP alguna reforma profunda del texto constitucional del que se pretende escapar.

 
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Publicado por en 10 octubre, 2012 en política

 
 
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