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Entrevista de Juan Carlos García

“…Vivimos momentos inéditos en nuestras existencias monótonas, siempre tendentes a la expansión. Estandartes como Detroit, capital del automóvil que ridiculizó el viaje convertido en frenético desplazamiento, entran en bancarrota irreversible. Escapar, como acostumbrábamos, es imposible. Se agotó hasta el refugio de la deuda pagada con deuda, vista la porquería que arrastraba este plumero…”

Nacido en la cosecha del 77 en Barcelona, con estudios elementales de economía y lecturas de todas las disciplinas, trabajador de banca a ratos mañaneros y escritor novel con ganas de interactuar con la naturaleza en el único trabajo que dignifica al hombre según Cicerón: el de agricultor. Hoy entrevistamos a Daniel Pueyo Pedret, autor de Verdades como pueblos, un ensayo editado por ediciones Carena que no deja indiferente a nadie por su lucidez, sentido del humor y lecciones prácticas y teóricas sobre la realidad que nos rodea en estos años que nos ha tocado vivir.

CCM-Lo prometido es deuda: La deuda se paga o se sigue debiendo. No se bebe ni se fuma aunque sea altamente tóxica… Así empieza tu libro, toda una declaración de intenciones.

DP-Así acabará la historia de esta civilización. Con una deuda financiera disparada y la posibilidad de pagarla o no En las triquiñuelas para pagarla de verdad podremos distinguir si damos un salto evolutivo al siguiente estadio o nos vamos al garete.

CCM- ¿Pesimista u optimista en este aspecto?

DP-Si alguien relata un problema es porque se quiere enfrentar a él y en primer lugar relacionándose. Convencido de que alguna de las infinitas soluciones en nuestro poder o caídas del cielo nos sacarán del atolladero.

CCM- Atolladero en el que parece nos hemos metido solos, aunque se intente decir que hemos sido empujados por fuerzas del “exterior” ¿Cómo lo definirías?

DP-Tendemos a echar las culpas de todo al exterior, pero siempre es el interior el que genera las interferencias primarias que desencadenan todas las demás. La deuda es muy expresiva de la situación. Cada estado se endeudó porque sus ciudadanos quisieron y cada ciudadano porque soberanamente lo decidió.

CCM-En ese sentido hablas en tu libro sobre los administradores del estado, en concreto manifiestas que estos no producen, sino que gestionan parte de la producción ¿Crees que la sociedad esto lo entiende, o se limita a hacer oídos sordos y la vista gorda esperando que los gestores les solucionen las papeletas?

CP-No producen ni los administradores de los estados ni de las empresas. Ni los vende-votos, ni los vende-productos. Haciendo el tonto hemos llegado a una situación en la que aproximadamente el 90% de la población no produce y subiendo.

CCM- ¿Qué cambiarías entonces en España para que se revertiese la situación?

DP-Formas organizativas implicativas de responsabilidad. Por ejemplo voto a mano alzada en cuestión política. Propietariado en lugar de asalariado. En resumen, quien no se puede responsabilizar no puede administrar ni producir. La tendencia es al parón de esta manera.

CCM- Entiendo. Supongo que por ello escribes en el libro que la prometida reforma de las administraciones públicas, sin retocar mínimamente la idiosincrasia de las mismas, produce un efecto similar a la pérdida de peso en un organismo enfermo, pero ¿Cómo cambiar para que de verdad se note que algo ha cambiado?

DP- La reforma de las Administraciones Públicas y concretamente la Administración Local, consiste en suprimir aquellos cargos que menos cobran y que menos gastos ocasionan en coches oficiales y hoteles. Son los Europarlamentarios los obligados a profesionalizarse y a coger muchos aviones cada mes. Los concejales van andando a sus puestos. Un cambio sin que se note podría suponer dar importancia al ayuntamiento que ya lo tenemos en cabeza de más de 8000 municipios.

CCM-O sea, regresar un poco a las relaciones de vecindad en vez de dejarlo todo en manos de organismos gigantescos muy alejados de los individuos.

DP-Los Vascos se organizaban alrededor de un árbol. Los Andorranos modernos alrededor de una parroquia. Tanto da el lugar. Lo importante es que lo público se decida en público y lo privado entre las partes implicadas. La tecnología dirá el resto sobre el lugar y la manera.

CCM- Eso parece que quieren hacer de alguna manera tus paisanos catalanes, o al menos una parte importante de ellos ¿Cómo vives tú el proceso separatista iniciado por Más?

DP- Eso es lo que jamás hará Artur Mas porque consistiría en reunir al pueblo implicado y pronunciarse. Soy de los que vive como hecho normal que la ciudadanía se quiera independizar de España y pronostico que el día de mañana lo querrá hacer también de Cataluña. Porque lo que realmente se siente ahogar son las estructuras organizativas actuales.

CCM- Ya, pero se tendrá que dar un paso en contra de todo eso, alguien tendrá que darlo, pero en el libro comentas que en el mismo instante que el individuo acciona una palanca donde se escribe la palabra cambio , una serie de transformaciones se suceden sin que se puedan predecir las consecuencias ¿el poder omnipotente que todo lo vigila es el enemigo del cambio?

DP- El poder omnipotente somos cada uno de nosotros y relacionados con los demás poderes es difícil adivinar las consecuencias. Nuestra esencia nos lleva a no querer cambiar, por pura comodidad y miedo a meternos en terreno desconocido. Pese a todo el cambio de condiciones ambientales nos empujará a querer cambiar, porque la situación se va volviendo irresistible.

CCM- ¿No sería mejor olvidarse de un progreso a lo cangrejo y regresar a lo rural? Al fin de cuentas, España tiene a su entorno rural despoblado pero aún con recursos para un cierto cambio de tendencia.

DP- Sería conveniente generar todos los materiales necesarios para la industria desde el sector primario agrícola. Carbón vegetal en lugar de mineral o lino en lugar de fibras sintéticas. A lo rural hay que regresar, pero con procedimientos mucho más avanzados que los de nuestros abuelos porque más de 40 millones de habitantes no se mantienen así como así. La biotecnología puede dar respuestas, pero también dar continuidad a lo olvidado tras la revolución verde. Y sin ninguna duda la industria ganaría potencial productivo diseminada por el campo. El cambio de esta era debería ser ese.

CCM-De todo esto trata tu ensayo, un libro que dice “verdades como pueblos”, pero que supongo al ser un escritor novel te costaría mucho que las editoriales se interesasen por él, ¿Cómo ha sido el proceso de búsqueda y encuentro de una editorial que apostase por tu libro?

DP- Parece difícil, pero con la constancia de enviar la propuesta a unas diez editoriales por semana iba logrando el interés de alguna de ellas cada mes. Y entre las que lo hicieron Ediciones Carena fue la que me pareció más íntegra para realizar una de las últimas tareas de la obra.

CCM- Y de vivir de ello de momento no hablamos.

DP- Estoy viviendo con ello muy a gusto. Vivir he vivido siempre y viviré con o sin ello.

CCM- Una estupenda sentencia para ir cerrando esta entrevista, pero aún me queda algo en el tintero ¿Cómo ves las próximas elecciones europeas?

DP- Como elector votando al partido X. Como observador con un PP-PSOE que va a rozar en conjunto el 50% de papeletas. IU y UPYD con aproximadamente 15 y 10% de apoyos. CIU y ERC en conjunto tienen que sumar un 5%. El restante 20% se va a repartir entre formaciones novedosas representativamente y votos nulos y en blanco que pueden llegar a sumar un 7%.

CCM- O sea, como siempre…

DP- Quizás indiquen que las elecciones nacionales se tienen que anticipar a las municipales

CCM- ¿Y tú próximo libro, para cuando nos lo anticipas?

DP- Escribir, como ejercicio es tan sano como jugar al ajedrez y voy a continuar practicando ambas distracciones. Hacerlo en forma de libro, artículo o carta al director de un periódico ya es otra cosa.

CCM- Pues ya sabes que esta es tu casa y cuando quieras nos puedes dejar algún artículo, Daniel. Y ya me despido de ti, recordando además porque es de justicia, que el prólogo de tu libro lo ha escrito otro buen amigo y mejor escritor como es Ramiro Pinto Cañón. Qué decir de él, tú que lo conoces más que yo.

DP- De él recomendar la lectura de “los fundamentos de la renta básica y la Perestroika del capitalismo”. Allí explica esta crisis muchos años antes de que empezáramos a crecer económicamente. Una persona así sólo podía escribir el mejor de los prólogos que se pudieran haber escrito.

CCM- Pues nos quedamos con la recomendación y procuraremos invitarlo a estas páginas virtuales. Un placer amigo, y mis felicitaciones por el libro, y a la editorial por el acierto sin duda en publicarlo.

DP- Gracias y suerte con la actividad editorial de publicaciones más escuetas y fugaces por los mundos internautas. Que lo efímero nos eternice.

Entrevista realizada por Gallego Rey @mareaxenaterra Todos los derechos reservados Publicada en Costa cálida Magazine

 
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Publicado por en 20 julio, 2014 en opinión

 

Triangulando

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Imaginémonos por unos momentos que en alguna clase de prácticas geométricas un profesor manda dibujar un triángulo y medir la suma de sus ángulos. A priori el resultado debería ser 180 grados, pero la realidad en la que vivimos dista de la conceptual, y mucho, y de ahí tantas decepciones.
Llegar a la conclusión de porqué ese triángulo dibujado siempre arrojará una suma, aunque inapreciablemente, superior a los teóricos 180 grados es sencillísimo. Dibujamos en mundos tridimensionales y esféricos aunque seamos capaces de imaginar espacios insufribles de una dimensión o distorsionantes de cuatro.
Si nos situamos en el caso extremo de querer representar un triángulo de grandísimas dimensiones en pleno globo terráqueo llegamos de forma sencilla a la extrema lucidez. Uno equilátero partiría, por ejemplo, del Polo Norte hasta llegar al Ecuador y de ahí volvería al punto de partida. Deberíamos dar tres giros de 90 grados para terminar la ruta con éxito. La suma de los tres cambios de dirección 270 grados.
La realidad es la que es y es verosímil. Las que queramos idear conceptualmente también lo son, pero en el juicio particular de cada pájara mental. Un manual de fisiología del centauro puede ser tan coherente como otro de la gallina, pero carece de verosimilitud cuando es leído por alguien que no concibe en su mente al animal mitológico.
La realidad es el lugar en el que obramos e interactuamos. Es importante conocerla para no caer en los deslices que puntualmente sufrimos. Es más trascendental partir de ella para analizarla y no intentar discernir en ella identidades como el centauro; seguramente algo similar encontraríamos.
Cuando, por ejemplo, nos preguntamos cuál es la clase obrera del siglo XXI o los esclavos del XX, tendemos a pasarnos de largo evidencias notables como las desigualdades de renta o riqueza y la piramidalización creciente en un planeta carente de líneas rectas. Cuando identificamos como democracia algo por haber sido etiquetado así, caemos en la trampa de creer que ya está construida.
Desconocer el mundo impide relacionarnos con él transformándolo, a excepción de que seamos algún poderoso de turno y lo hagamos por cojones.

 
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Publicado por en 27 abril, 2014 en ovosofía

 

El sol – Entrevista de Jesús Martínez

El sol pasa su rodillo de fuego por las eras.
El sol, esa naranja de sabor agrio, allana, tuesta, recarga las pilas.
El sol pende del cielo como el camafeo de los dioses. Reluce, relumbra, resplandece.
Al sol cegador mira directamente con sus ojos castaños de ambrosía Daniel Pueyo (Barcelona, 1977), autor de Verdades como pueblos (Ediciones Carena, 2014), manual para una “economía alternativa”. En esta obra, que juega con las verdades evidentes (“me salió así el título, de sopetón”), Daniel, impávido y flemático, se fija en el sol, como si fuera un peregrino devoto: “El sol es nuestra riqueza, las energías renovables, y por ahí ha de caminar la industria en España. Incluso te diría que la biotecnología es la apuesta más segura, porque la mejor materia son las propias plantas”.

Se lía un cigarrillo de tabaco aromático Amsterdamer. Y en lo que tarda en liarlo, ya ha pergeñado la política energética para los próximos treinta años: “Ahora vivimos en el declive lento del petróleo, y nosotros veremos su fin. Cuando yo empecé en esto de la economía, y trabajaba en la Bolsa como gestor de cuentas, el barril estaba a unos once dólares; ahora cuesta 110 dólares”.
Según este economista, es un absurdo seguir apostando por el petróleo que todo lo oscurece y que lo encarece todo, pudiendo, como se puede, venerar la fuente solar, “esa energía infinita”.
Saca el papel de liar OCB, y prosigue con su disertación, más afectado por los despidos en Coca-Cola Iberian Partners que por la calamitosa y vergonzosa actuación del Banco Santander con sus productos “tóxicos” (sus mentiras), por lo cual la entidad financiera ha de pagar una multa de 17 millones de euros que le ha impuesto la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Precisamente, Daniel ha recortado esta noticia, que trae doblada en el bolsillo.
“Gran Bretaña, en los setenta, salió de su depresión no porque se encerrara en el neoliberalismo que propugnaba [Margaret] Thatcher, sino porque encontró yacimientos de petróleo en el Mar del Norte, en las aguas de Escocia”, corrige, inhibido por una mística que le da una apariencia aniñada, acorde con su espíritu juvenil. “Y en el otro extremo, Venezuela pudo dar un salto adelante también por lo que recaudaba de la venta de sus barriles. En los dos casos, el petróleo ha sido crucial, más teniendo en cuenta la coyuntura de expansión. Pero esto se va a acabar, porque los pozos se secarán en algún momento.”
Daniel Pueyo manosea su pitillo con tanta parsimonia como los banasteros elaboran sus cestos en las ferias de la Córdoba argentina.
“Curiosamente, y a pesar de que en España lo que le sobra es sol, nos hemos convertido en una potencia de algo que está en las antípodas: en uranio. Somos la segunda potencia de Europa, por detrás de Francia. Nuestras minas están en la antigua ruta de la Plata, que ya los romanos recorrían. El expresidente [José María] Aznar privatizó buena parte de estas minas”, reconoce, impertérrito, como los que están hartos de las congas en las bodas y se acodan en la barra para verlas pasar. “Hemos de reformular el concepto de productividad, y que no sólo sea hacer más y más, que no sea sólo beneficio, sino distribución.”
El autor de Verdades como pueblos, coyunda de literatura y conocimiento, ha redactado un ensayo al uso en el que la cocción de las teorías económicas (del liberalismo al marxismo) revierte en una lectura más clara de la realidad, más transparente si cabe: “Hemos de abrir los ojos a las fábulas que nos han contado y dejarnos de cuentos, analizar la realidad tal como es”.
Siempre ha sido propenso a dibujar escenarios.
Verdades como pueblos es su verdad.
El sol es un río inmenso que la dora.
El sol es el aceite y el vino.
El sol es el comandante en jefe de la plaza.

Jesús Martínez

 
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Publicado por en 21 marzo, 2014 en ovosofía

 

Defecto Gamonal

bombillaHace algunas semanas saltaban unas curiosas llamaradas reaccionarias en Burgos. El barrio de Gamonal encendía un precedente preocupante, para unas autoridades que entienden perfectamente cuan incendiarias pueden resultar las diferencias sociales, crecientes y que marginan a una masa sustantiva al borde de la quiebra como seres humanos.
Los debates surgidos en la improvisada batalla tuvieron el origen de siempre y terminaron como cada vez. Los presuntos afectados señalaron la cabeza de unas autoridades, que planean obras colosales, y olvidadizas con los problemas cotidianos de una ciudad cualquiera de un planeta, único por el momento. Los agitadores intentaron hacer el agosto anticipado, conduciendo a las rebajas políticas las colas desatendidas.
El problema de raíz es mucho más complejo que la simple determinación entre bulevares y guarderías, centros educativos u hospitales. Si nos hubieran dejado elegir hace décadas entre grandes avenidas y urbanizaciones residenciales compactas soy de los que se hubiera apuntado a preferir vías de comunicación; mal que nos pese, menos invasivas hacia el territorio cultivable que es el que sigue financiando, irremediablemente, una cantidad de bocas crecientes amontonadas en las ciudades. Debo confesar que soy de la rara especie reaccionaria a la reaccionaria que hubiera seguido las obras del bulevar y demolido el barrio que dio el salto a la fama situado alrededor.
Ucrania es otra zona donde el fuego prendió de la manera que más asusta a los todopoderosos. Las ganas se reparten, tan formidablemente como mal distribuida está la riqueza. Esta tierra tiene un detalle que resta al margen de toda información oficial u oficiosa; caprichosamente o con toda la intención. Independientemente de si se trata de la llamarada definitiva a la III Guerra Mundial o se va a quedar en un conflicto civil europeo. Al margen de si Crimea se independiza por voluntad propia o forzada.
En Ucrania hay una central nuclear que continúa ardiendo 3 décadas después de haber quedado enterrada en un sarcófago con los días contados. Antes que guerra, este territorio necesita más cariño que las maravillas arqueológicas archiconocidas. Es un patrimonio de una humanidad, que sigue debiendo la vida a todos aquellos mártires que alzaron este templo satánico. Se levantó mediante promesas de bienestar, para unos sacrificados perdedores. Es un monumento a lo que significó un sistema de esclavitud que se permitía el lujo de utilizar a las personas para sacar las castañas, del fuego y sin guantes, ante cualquier riesgo indisociable a las ansias de crecer por encima de las posibilidades terrenales.
El debate de lo que ocurre realmente en tierra ucraniana puede ser tan parcial y subjetivo como aquel que tiene lugar en cada casa tras aterrizar cada dos meses el arma de cabreo masivo de mayor potencial. Los parlamentos emiten informaciones tan incompletas sobre tarifas eléctricas que crean hasta repugnancia a la hora de leer lo que ocurre más allá de los vulgares contadores. Los recargos monetarios en las facturas son menudencias, comparados con las exigencias implícitas a unos riesgos en los que se incurre cada vez que alguien se encapricha con echarse una ducha de agua caliente. ¿Ante un posible accidente atómico quién se atreverá a mojarse con la misma facilidad? Ni en Japón lo saben; solamente perciben un déficit crónico con el exterior desde que paralizaron las centrales nucleares y tienen previsto darle al botón para librarse de comprar combustibles para las centrales térmicas que, además, sacan demasiado humo.

 
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Publicado por en 12 marzo, 2014 en Economía

 

Tipos de riesgo

riesgo financieroEn todas las casas tienen malas rachas; en los mejores chalés de las sierras y en las peores chabolas de los suburbios. Hay rachas positivas que después de mucha desgracia pasan inadvertidas entre el dramatismo. Hay otras negativas que no escuecen, acompañadas de una agradable melodía que sigue persuadiendo los sentidos.
En bolsa, termómetro por excelencia de la economía, la racha ha sido impecablemente alcista desde aquel apocalíptico verano de 2012 en el que la banca recuperaba frenéticamente, pero a ritmo de caracol, la liquidez derrochada años atrás en operaciones arriesgadas y a muy largo plazo; algunos estados a punto de anunciar demoras, quitas y suspensiones de pagos empezaban a respirar con primas de riesgo progresivamente relajadas.
Todo iba a cambiar en un verano aparentemente trágico, a golpe de expectativas cocinadas en los mejores bancos centrales. Éstos se dedicaron, con mayor ahínco que en cualquier periodo pretérito, a inundar de dinero unos mercados ansiosos y desconfiados de su propia mano izquierda.
La confianza, a golpe talonario, fue adueñándose de unos índices que sin batir marcas celebran lo que la calle no se atreve a festejar. Los datos de empleo han seguido su mala racha particular. Los datos de morosidad en máximos históricos indican a los señores de los índices que su confianza es más cuestión de fe en un futuro desconocido que en un presente evidentemente pésimo. La actividad económica no se recupera de otra forma que a ritmo de deuda o de unas exportaciones apoyadas por un entorno global, que todavía muestra los signos de vigor perdidos por economías como la española. De hecho, en Davos la mayor preocupación fue la creación de empleo, pero no el crecimiento.
Es de esperar que los motores de la economía mundial no puedan seguir el ritmo que llevan desde hace una larga década. Por pura cuestión de rachas parece improbable que mantengan crecimientos tan prolongados con inflaciones controladas. Argentina, y su magia monetaria, no representa ningún problema para otras economías dopadas en exceso por una cantidad de liquidez extremadamente elevada, pero que percibe una minoría. La moneda más devaluada del planeta, entre las más selectas, es el Dólar y no hay más remedio que bajar el listón para sacarle algún puñado al gigante. El problema es que alguien, además de Japón, lo tenía que hacer y brillantemente se atrevió a hacerlo.
La mala racha del Ibex que se permite el lujo de necesitar 6 sesiones de descensos consecutivos para perder los 10000 puntos tampoco representa problema alguno. El problema es que los focos de incertidumbre son tantos como la liquidez y la mínima decepción trunca expectativas, sube tipos de interés y fastidia hasta cualquier intento de reflotar algún canal de televisión tan privatizado que sólo emite en la intimidad. El problema es que los tipos de interés no pueden ser más reducidos, y ni así se invierte ni se paga holgadamente lo debido. En este contexto ningún financiero osa escuchar la mínima señal de que el canto de esas sirenas pueda cesar. Si antes era la prima, ahora son los tipos los que son de riesgo.

 
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Publicado por en 27 enero, 2014 en Economía

 

Gatillazo fiscal

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Era uno de los iconos de una era que se desmorona al paso que lo que era ya no lo será jamás. El gobierno de don Mariano Rajoy se atreve a meter el dedo en una de las grandes llagas de un pasado engañoso, pero retroactivamente.
Olvídese todo aquel que creyera que el ejecutivo era capaz de revitalizar un mercado de la vivienda en inédito declive. Ni los muebles es capaz de salvar un grupo de supuestamente entendidos en construir, pero que destruye su credibilidad a marchas forzadas.
La última ocurrencia del Presidente Electo es ni más ni menos que eliminar la deducción por vivienda habitual. Es el símbolo del chanchullo más grande, amparado por unos ejecutivos que prometieron subvencionar el 15% de cada ladrillo vendido por sus amiguetes. Un chanchullo que traspasa las fronteras de las cámaras ampliamente para poner en bandeja el regalo del porcentaje a todos aquellos que tienen alguna vivienda por deducir aunque, en ella, resida un pariente. Un chanchullo que aprovecharon las entidades financeras para convencer a todo hipotecado a no amortizar rápidamente unos préstamos suculentos de cobrar muy poco a poco. Un chanchullo que complicaba la declaración de renta a miles de contribuyentes y que cientos de miles de gestores agradecían de poder gestionar.
Ahora que no se vende ningún ladrillo deducible y que los intereses están en nivel de mínimos históricos, llega la ocurrencia del siglo. Se veía a venir cuando se eliminó para todos aquellos que compraran a partir de cierta fecha. La medida suponía un ahorro necesario, pero no suficiente para tapar agujeros de envergadura. Había que cortar por lo sano una de las partidas más deficitarias de las cuentas públicas y además destinadas a fondo perdido.
El hecho de que el agujero deficitario siga siendo monstruoso no significa que haya que hacer estas jugarretas a ingenuos compradores que confiaron pensando que una parte de su pisito sería financiado con los impuestos de todos los demás. No fui jamás un defensor de esta receta fiscal con tinte venenoso, pero la ocurrencia de eliminarla se me antoja uno de los mayores gatillazos de este gobierno y encima por la espalda.

 
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Publicado por en 9 diciembre, 2013 en política

 

Presupuestos políticamente correctos

Coincidiendo con la irrupción de un frío desconocido, desde hacía largos meses, la calle volvió a arder el pasado fin de semana. La nieve en cotas muy bajas y la escarcha presupuestaria gubernamental hicieron mella durante un otoño de termómetros calientes y sangres gélidas.
El pueblo europeo celebró otro fin de semana de hermandad, denunciando unas cuentas teledirigidas desde Bruselas y que se presentan como las más antisociales de la era post-burbuja, por supuesto. Ocurre en casi todos los estamentos que siguen el patrón de los mandamases de la moneda común y las ideas más consensuadas todavía.
Con un poco de perspectiva secular, tampoco están tan mal unos números que incluyen subsidios de todo tipo, en un continente donde muy poquitos pasan hambre y duermen en la intemperie. Pero con la memoria efímera, de una población demasiado acostumbrada a vivir al segundo y nulas expectativas de que en el futuro se recupere la senda del crecimiento, más que de los déficits públicos, el drama es un hecho para todo aquel que lo quiere ver, claro está.
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Las convocatorias unitarias, universitarias o sanitarias, transcurrieron en calma, antagónica a miles de situaciones de marginados que se las ven y desean para acudir a los centros de las ciudades. Ya no son las huelgas en contra de la privatización del ferrocarril, funcionando los servicios mínimos en más de la mitad de lo habitual. Tampoco los cortes de tráfico, para que la muchedumbre avance con sus pancartas. Es la desidia, la que va aumentando de un otoño caliente a otro. Ahora que viene el crudo frío invita a combatirlo como cada uno buenamente pueda.
La unidad que el fin de semana cientos de miles de manifestantes, agarrados en su mayoría a siglas y más jeroglíficos, pretendían exhibir contra la desfachatez de los ejecutivos continentales, fracasó antes de empezar una contienda que, en verdad, ya había concluido. Los presupuestos, aprobados antes de empezar la partida, gozan de un consenso asombroso en la Torre de Babel que se levanta entre Finisterre y el Peloponeso. Muchos idiomas para pronunciar unas mismas cifras, pero nada más. Los consensos, cuando son sólidos, hay que combatirlos con otros de mayor solidez. De lo contrario no se caen de su situación actual: políticamente correctos.

 
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Publicado por en 27 noviembre, 2013 en Actualidad

 
 
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